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Publicación semanal El Periódico

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Tregua


Por Roberto Moreno Godoy

En medio de la tragedia llega una calma momentánea

Los últimos días han sido sobrecogedores. La enorme tragedia sacudió la calma de la tarde del domingo y nos ha mantenido consternados a todos, pendientes de los acontecimientos y buscando de qué forma ayudar. La fuerza del Volcán de Fuego arrasó con todo lo que encontró a su paso, truncando la vida de niños, jóvenes y adultos.

Aunque sabíamos que las faldas y laderas del volcán no son zonas seguras para asentamientos humanos, el paso de los años permitió ir sorteando las catástrofes, generando una falsa sensación de tranquilidad en el área. Los pobladores se habían acostumbrado a las usuales erupciones, retumbos y fumarolas, acomodándose a las molestias y daños menores ocasionados por la actividad del coloso. Nadie anticipaba semejante desarrollo de eventos.

La rutina fue cortada de cuajo en pocas horas, dando lugar a una escena dantesca. Se llora la pérdida de muchas vidas. Los daños materiales son cuantiosos. Son muchos los muertos, los heridos y los afectados. Los testimonios de quienes perdieron a sus seres queridos son pavorosos. También nos impacta la zozobra de quienes buscan con angustia a familiares desaparecidos. Los sobrevivientes narran cómo el fenómeno los tomó por sorpresa, sin tiempo para reaccionar y resguardarse. Además, la alarma continúa vigente. La labor de los rescatistas ha sido heroica, dando muestras de una inmensa solidaridad y vocación de servicio. De igual forma, miles de personas y organizaciones están apoyando.

Sin embargo, lo acontecido pareciera ser la reproducción de un capítulo visto antes. Se repite la historia. Este desastre, al igual que otras emergencias recientes, denotan que no estamos del todo preparados para atender estas situaciones y para prevenirlas. Los protocolos de reacción no son siempre claros y hace falta una guía práctica de habilidades para intervenciones. Las comunidades que viven en zonas de riesgo no siempre cuentan con la debida preparación para responder oportunamente en momentos como este.

Claramente, en estos días la prioridad ha sido atender a las personas afectadas, buscar a los desaparecidos y ubicar a los fallecidos. Sin embargo, aparte de dar respuesta a las muchas necesidades de los afectados, es imperativo revisar todo los que comprende un sistema de prevención y mitigación de desastres. No se trata de buscar culpables, sino de cambiar un modelo que debe ser fortalecido.

En medio de este lamentable desastre, llegó una calma pasajera. Confieso que he apreciado inmensamente la unidad momentánea que esta tragedia ha traído. Nos ha recordado nuestra fragilidad, qué cosas son importantes y cuáles debemos resguardar. Ha sacado lo mejor de los guatemaltecos y nos ha involucrado en una causa común.

Miles de personas se han solidarizado con las víctimas y se han sumado para apoyar. Por un breve tiempo, dejamos a un lado las pugnas y enfrentamientos que hemos dejado que se cuelen en nuestra forma de ver el mundo y de vivir, para sumarnos todos, como parte de una familia, para servir. En la medida en que han transcurrido los días, esta armonía se ha ido disipando y la polarización busca interponerse de nuevo en nuestro camino. No dejemos que esto suceda. Aprovechemos el último llamado de atención que nos ha hecho la naturaleza, para recordarnos que enfrentamos muchos desafíos y que sólo podremos superarlos si trabajamos juntos. No dejemos pasar la oportunidad de relacionarnos mejor, como hermanos y como compatriotas.

Que la tregua continúe y nos permita llegar a acuerdos sobre la sociedad y el país en que esperamos vivir y que heredaremos a nuestros hijos y nietos.