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Publicación semanal El Periódico

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Ángela e Isabel


Por Roberto Moreno Godoy

Más allá del cumplimiento del deber.

El sábado se llevaron a cabo las ceremonias de distinciones académicas en la Universidad del Valle de Guatemala. Reconocer a los estudiantes sobresalientes es una actividad muy significativa para una entidad comprometida con la excelencia. Durante el evento compartí con los jóvenes distinguidos la historia de dos mujeres extraordinarias, con quienes he tenido la buena fortuna de compartir durante los últimos 18 años. La primera de ellas es Isabel Gutiérrez de Bosch, Presidenta de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez. Desde el 2001, dicha entidad ha apoyado a 143 jóvenes talentosos de escasos recursos a realizar su carrera universitaria en la UVG. De ellos, 61 están inscritos en la actualidad. Muchas veces me he preguntado en qué radica el éxito de este programa. Concluyo que guarda relación con las personas que lo manejan. Más allá del invaluable respaldo financiero que los jóvenes obtienen, han recibido un bien aún más preciado. Cuentan con la presencia de Doña Isabel en sus vidas, quien ha asumido el rol de una segunda mamá para ellos. Es raro que ella no los acompañe en cada ceremonia de distinciones académicas y en cada graduación, así como que esté pendiente de la evolución de sus estudios. Conoce muy bien a cada estudiante y comparte muy de cerca sus alegrías, penas, tropiezos y logros. Su involucramiento personal con los jóvenes les ha marcado de manera especial y les ha hecho ser mejores. Ha dado un rostro humano insuperable al programa.

Esta fructífera alianza con la Fundación Juan Bautista Gutiérrez recibe una contraparte financiera de la universidad. Este programa, al igual que el resto de ayudas financieras de la UVG, que el año pasado benefició a 3,364 estudiantes en total, ha sido administrado por Ángela Cáceres desde su comienzo. Ella ha sido una colaboradora excepcional. Luego de más de 37 años de servicio, Angelita, como le decimos familiarmente, decidió retirarse de la institución. Al conocer sobre su próxima partida, la madre de un estudiante le escribió lo siguiente: “Mi hijo me comentó que usted se retira de la Universidad. Solamente quiero decirle que ambos estamos profundamente agradecidos y que día a día cuando damos gracias al Señor, siempre agradecemos por usted. Deseo con todo mi corazón que todos sus días sean llenos de bendiciones, que lo que sea que vaya a emprender sea muchísimo mejor de lo que usted espera y que su vida sea plena y feliz. Siempre estaré inmensamente agradecida por la oportunidad que le dio a mi muchacho. El por su parte se está esforzando por ser feliz y también por dar los mejores resultados y de esa manera agradecerle por la puerta que le abrió. Para mí, usted es un ángel que el Señor nos concedió.”. Los miles de beneficiarios del programa de ayudas financieras de la UVG y sus familias han encontrado en la figura de Ángela a una persona con el don de gentes, empatía, solidaridad y respeto para comprender su situación y apoyarles, en la medida de sus posibilidades y las de la institución.

La trayectoria de ellas dos ilustra bien lo que significa ir más allá del cumplimiento del deber. Su ejemplo ha servido de gran inspiración a quienes les rodean. Es por ello, que pedí a los estudiantes distinguidos reflexionar que, además de aprender, sacar buenas notas, adquirir competencias y cumplir metas, era imperativo nunca perder de vista el ingrediente humano en todo lo que hicieran. Esto permitirá que la excelencia que les caracteriza transcienda y les ayude a cumplir a cabalidad su responsabilidad social. El caso de Angelita y Doña Isabel es un valioso testimonio y referente para ayudarnos a realizarnos como agentes de cambio. ¡Qué bueno que los caminos de este par de guatemaltecas ejemplares se cruzaron para el bien!