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Publicación semanal El Periódico

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Tour de la Corrupción


Por Roberto Moreno Godoy

Importante lucha a favor de la legalidad y de la transparencia.

La primera plana de El Periódico del sábado mostraba unos fantasmas paseándose por la novena avenida, frente al Congreso de la República. Estas ánimas, alusivas al caso de plazas fantasmas, fue parte del Tour de la Corrupción, organizado por varias organizaciones. Según la nota, el proyecto busca fomentar una cultura de transparencia y de legalidad en los futuros ciudadanos. El recorrido, además de llevar a los estudiantes al palacio legislativo y a la Plaza de la Constitución, los condujo al Palacio Nacional de la Cultura y por instituciones públicas que han sido objeto de señalamientos de corrupción. La intención del proyecto me parece loable, pues todos debemos exigir el accionar transparente de las entidades estatales. Es valioso que quienes están próximos a ejercer sus derechos cívicos conozcan el impacto de la corrupción y estén empoderados para combatirla. Por ello, es crítico que los futuros ciudadanos estén conscientes de hallazgos sobre funcionarios públicos, quienes aparentemente han defraudado la confianza depositada en ellos.

Sin embargo, hay algunas aristas que merecen ser resaltadas, las cuales desconozco si son tomadas en cuenta en el programa en cuestión. En primer lugar, un enfoque balanceado de formación cívica no sólo debe hacer hincapié en los problemas existentes, sino que debe enfatizar la importante labor que las instituciones realizan para el adecuado funcionamiento de nuestra democracia. Se debe recalcar el valor de aquellos trabajadores que cumplen con su cometido y que no están ahí para servirse a sí mismos. Por ello, se debe ser muy cuidadoso en no satanizar a los edificios que ocupan los poderes del Estado, como si se tratase de antros que deben ser repudiados. Los guatemaltecos debemos respeto a nuestras instituciones, sentimiento que debe inspirarnos a respaldar su buen funcionamiento. Los servidores públicos de Guatemala son decenas de miles, y me atrevo a decir que la mayoría de ellos son personas de bien, que hacen su trabajo a conciencia. No se debe desacreditar a todos indiscriminadamente, ni confundir a las instituciones con aquellos ocupantes de las mismas que han obrado mal. En segundo lugar, dado que el programa busca forjar una cultura de legalidad, es imperativo que los jóvenes reconozcan la urgencia de identificar a quienes supuestamente han actuado mal, pero que también comprendan que las personas señaladas son inocentes hasta que no se pruebe su culpabilidad en los tribunales. Si no se es precavido, el tour podría hacer pensar a quienes lo toman que los acusados ya fueron hallados culpables y condenados. En tercer lugar, creo que no caería mal incorporar en el programa, al menos para los capacitadores, una pasantía en un puesto público, de forma tal que quienes han de opinar también sopesen las dificultades y trabas que encuentran quienes laboran en las entidades estatales.

Finalmente, se debe contemplar el efecto Pigmalión. Si nuestra expectativa es que todas las entidades del Estado son una cloaca y que todos los funcionarios públicos pertenecen a una banda de ladrones, terminaremos atrayendo sólo a aquellos que no tienen nada que perder y, por ende, nada que ofrecer a nuestro país. Por el contrario, debemos recuperar el prestigio y la confianza en nuestras instituciones. Toda acción de formación cívica debe contribuir, en última instancia, no sólo a propiciar una necesaria auditoría social, sino a atraer a los ciudadanos más talentosos, comprometidos y éticos a interesarse en el servicio público.