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Publicación semanal El Periódico

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Álvaro Arzú


Por Roberto Moreno Godoy

Uno de los principales líderes políticos del continente.

Tengo presente mi incursión en ese mundo distinto, ajeno a mi trayectoria y experiencia previas. Optar a un cargo público nunca estuvo en mi radar. En 1995 esto cambió, cuando, de cara a las elecciones generales, formé parte de un grupo de especialistas de ASIES y de UNESCO para formular una propuesta de plan de gobierno, la cual presentamos a varios partidos políticos. El equipo de educación del Partido de Avanzada Nacional era coordinado por Arabella Castro, quien se interesó en profundizar en el análisis. Luego de la primera ronda de elecciones, ella me preguntó si yo consideraría, en el caso de ser electos, formar parte del equipo de gobierno. Le respondí que era algo que no había contemplado, pero que habláramos luego de las elecciones. ¡Vaya si se trataba de un giro brusco en mi ruta de vuelo! Efectivamente, después de la segunda vuelta, llegó la llamada. Luego de un detenido análisis con mi familia, resolvimos que aceptaría. Los siguientes años sirviendo a la educación del país fueron de gran crecimiento personal y profesional. Fue ahí que conocí más de cerca a Álvaro Arzú.

Lamentablemente, este clima de falta de confianza disuade a muchos buenos ciudadanos a involucrarse y a optar a Hoy, el Alcalde enfrenta un momento difícil. Páginas y columnas presentan toda suerte de comentarios y señalamientos. En esta complicada coyuntura, les comparto mis apreciaciones sobre el Presidente Arzú, quien fuera mi jefe por cuatro años. Lo primero que resalto es su contagiosa visión de una sociedad distinta, donde caben mejores oportunidades para todos, especialmente para los menos favorecidos. Es una persona consistente, de carácter fuerte y convicciones firmes, que ama entrañablemente a su país. En segundo lugar, cabe mencionar su gran capacidad de trabajo, la confianza que deposita en su equipo y su inquebrantable lealtad. Las veces que le consultamos sobre la estrategia que se pensaba emprender, su única pregunta fue si el camino era lo mejor para la educación de los pobladores, al margen de la dificultad política de su implementación. Una vez había comprendido el sentido de la reforma, su apoyo fue irrestricto, ayudándonos a ubicar recursos y muchas veces librando él mismo batallas internas en el partido de gobierno o enfrentando los cuestionamientos de los detractores. Así, se logró ampliar considerablemente la cobertura escolar, fortalecer la calidad de la educación, descentralizar los servicios, impulsar el PRONADE, crear juntas escolares, implementar nombramientos de maestros y funcionarios por oposición, entregar libros de texto y crear las direcciones departamentales de educación, entre otras cosas.

Guardo gratos recuerdos de ese período de trabajo intenso, marcado por el liderazgo y determinación de la cabeza de Gobierno, cuyo mensaje a los miembros del Gabinete fue siempre que hiciéramos lo correcto y no lo fácil. Como todo ser humano, este carismático personaje tiene fortalezas y debilidades. Su temperamento desata pasiones diversas. En algunas ocasiones hubiese querido que fuera menos tajante y que se relacionara mejor con la prensa y con otros actores. Sin embargo, aprendí a ver más allá del retrato de un cacique prepotente y testarudo que algunos insisten en pintar, muchas veces sin conocerle. Contrario a esta creencia, le vi en repetidas ocasiones restar mérito a sus propias cualidades y hacerse a un lado para dejar que otros brillaran. En el balance siempre pesó más en mis valoraciones su profundo interés en el bienestar de la población y su vocación de servicio. Conozco a Álvaro Arzú como una persona confiable, que forja equipos de trabajo efectivos, comprometidos con una visión de una nación distinta. Sus aportes a Guatemala son múltiples y nadie debería regateárselos.