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Publicación semanal El Periódico

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Mucho en Juego


Por Roberto Moreno Godoy

Un llamado a la cordura y a la conciliación.

Todos quisiéramos que Guatemala fuera un ejemplo para el mundo. Ser reconocidos por nuestra fuerza interna para impulsar un desarrollo que beneficia a todos los habitantes, sin discriminación alguna. Distinguirnos por la manera frontal y efectiva en que combatimos la impunidad, la corrupción y el crimen organizado. Que nuestro nombre sonara por la forma en que llegamos a consensos e impulsamos acciones conducentes al bien común. Que diéramos pautas sobre cómo deben respetarse y valorarse las múltiples manifestaciones de nuestra diversidad, lo cual nos permite avanzar, teniendo como cimiento esta enorme riqueza y como guía una visión compartida, que dan vida a una sociedad plural, inclusiva y justa. Ser inspiración para aquellos que alientan espacios de diálogo y entendimiento, sabiendo que las posiciones propias son enriquecidas cuando se escucha con detenimiento a los demás. Que nos presentáramos como una sociedad pujante, que aprende de su pasado, que comprende su presente y que se traza metas de largo plazo. Sobresalir por nuestra capacidad de transformarnos para bien; por nuestra innovación, emprendimiento y entusiasmo. Que nos diferenciáramos por nuestra capacidad para valorar las cosas buenas que hacen los demás. Que interiorizáramos la idea de que cuando otros brillan, todos brillamos. Que no fuésemos percibidos como una olla de cangrejos, donde aquel que llega a la orilla es halado de regreso al agua hirviendo. Que proyectáramos la imagen de una sociedad integrada por personas éticas, ingeniosas, comprometidas, solidarias y felices. Sí, todos quisiéramos ser ejemplo para otros países. Sin embargo, no debiéramos aspirar a ser así por este incentivo, sino por el beneficio que ello representa para nuestra propia Guatemala. Quisiéramos ser parte de una comunidad distinta, en donde los jóvenes aprendieran cada día que hay una nueva forma de hacer las cosas; que es factible trabajar juntos y relacionarnos bien con los demás, indistintamente de su origen, posición, creencias o puntos de vista. Ser parte de una comunidad capaz de cerrar brechas y encarar desafíos para forjar un destino más promisorio para todos. Pertenecer a una comunidad que modela con éxito aquellas conductas que esperamos ver florecer en las futuras generaciones de ciudadanos. ).

Los sucesos de esta semana ponen en relieve el inmenso reto que enfrentamos. No es posible mantenernos en permanente pugna, pues hay demasiado en juego. Debemos entender que no es cuestión de hacer pulsos para ver quien tiene más fuerza. En estos enfrentamientos no termina ganando nadie. Se deben evitar acciones que debilitan nuestra institucionalidad y minan nuestra capacidad de hacer equipo. Debemos aprender a amar a nuestra tierra y de fomentar las cosas buenas que tenemos y que hacemos. Guatemala es un país joven. Cerca de la mitad de nuestros habitantes tienen menos de 25 años de edad. Esto representa un inmenso potencial. Los más jóvenes tienen la posibilidad de ver las cosas desde una perspectiva distinta, de hacer a un lado los prejuicios y confrontaciones que nos amarran a los más viejos. Ellos tienen la capacidad de no dejarse encasillar por los paradigmas imperantes y de no caer en la trampa que la polarización y los extremos acarrean. Tienen la potestad de plantearse nuevas aspiraciones e imaginarios. Optar por no permanecer inertes. Es nuestra responsabilidad formarlos como ciudadanos orgullosos de su tierra y dispuestos a hacer los sacrificios y esfuerzo necesarios para su desarrollo. Como un amigo una vez me dijo, Guate es vida, es verde, es cultura, es amor. Esta es la identidad que debemos forjar.