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Publicación semanal El Periódico

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Mundo patas arriba


Por Roberto Moreno Godoy

Mucho debe cambiar.

La semana transcurrió entre acontecimientos que han puesto en relieve la aguda crisis que vivimos en el mundo, la cual ha terminado de extinguir esa débil sensación de paz y tranquilidad, que prendía de un hilo en muchos lugares. Las imágenes han desnudado la fragilidad de la humanidad, mostrando muchos rostros adoloridos y otros endurecidos, con surcos causados por la intolerancia, la exclusión, la discriminación, la violencia y la inseguridad, entre muchos otros flagelos. Hemos sido testigos de hechos insólitos, que no pensábamos vivir. La incertidumbre, el desaliento, la incredulidad y la indignación se han apoderado de demasiadas personas.

El sábado pasado vimos las imágenes del enfrentamiento en Charlottesville, Virginia, en donde una persona murió y decenas resultaron heridas cuando un automóvil embistió a una multitud que protestaba en contra de una marcha de ultranacionalistas en la ciudad del sur de los Estados Unidos de América. Más allá de la tragedia, el suceso fue como tomar un viaje al pasado y darse cuenta que los prejuicios, el enfrentamiento y el racismo que se pensaba que estaban superados apenas estaban latentes, esperando el momento para manifestarse. Consignas como “no nos reemplazarán”, “derecha unida”, "sangre y tierra" y "una persona, una nación, fin de la inmigración" sientan el tono de las posiciones radicales que enfrentan y separan a dicho país.

Apenas se habían asimilado estas escenas cuando fuimos informados de la masacre vivida en el Hospital Roosevelt, en donde un grupo de pandilleros mataron a siete personas y dejaron heridas a 12 durante una incursión armada para rescatar a un reo de la mara salvatrucha, a quien se atribuyen al menos 20 homicidios. El cruento suceso refleja la angustiosa inseguridad ciudadana que enfrentamos. La noticia activó muchas alarmas y ha generado gran debate en la sociedad guatemalteca, poniendo el reflector sobre la obligación del Estado de resguardar la integridad de la población y prevenir este tipo de tragedias, pero también sobre las condiciones que han orillado a miles de jóvenes a escoger esta ruta. Pocas horas después, la tragedia se apoderó de España. Una furgoneta atropelló a varias personas en La Rambla de Barcelona, en lo que se ha calificado inicialmente como un atentado terrorista. Las cifras preliminares son de por lo menos una docena de muertos y cerca de 80 heridos, víctimas de este nuevo hecho de violencia y radicalización.

Estos tres eventos son una pequeña muestra de lo que sucede a nuestro alrededor y termina condicionándonos. Uno de los retos más grandes es evitar que la costra que se acumula en estas heridas termine alimentando la indiferencia o la resignación. Debemos redoblar esfuerzos para hacer frente a estos males y forjar mejores sociedades. Es importante reflexionar sobre las causas de estas tragedias y buscar caminos que ataquen los problemas de raíz que las originan. Las imágenes de los lugares donde ocurrieron las más recientes tragedias: una ciudad tranquila, un centro hospitalario y una vía concurrida por lugareños y turistas son muestra de que los tentáculos del mal han llegado cerca de nuestros hogares y de nuestras comunidades. Todos debemos cortar de cuajo sus raíces. ¿Por dónde empezar? En el corazón mismo de las familias y las escuelas, sentando bases para una convivencia más armoniosa. Los padres de familia y los maestros deben asegurarse que los menores tengan actividades y compañías adecuadas. Que crezcan con una perspectiva distinta, sustentada en los valores en los que radica nuestra humanidad.