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Publicación semanal El Periódico

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Un Llamado a la Corte Suprema de Justicia


Por Roberto Moreno Godoy

Los Magistrados enfrentan una decisión de gran trascendencia.

Corre y va de nuevo. Corresponderá a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia pronunciarse otra vez sobre el destino de una de las reformas educativas más trascendentales de las últimas décadas: la de la formación inicial docente. En años pasados, tanto ellos como los magistrados de la Corte de Constitucionalidad conocieron varias veces sobre este importante proceso de cambio, habiéndolo respaldado, dando luz verde para que siguiera adelante. De hecho, apenas este año se graduará la primera cohorte de profesores de primaria, graduados de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en un convenio con el Ministerio de Educación, luego de cinco años de un enorme esfuerzo interinstitucional para la implementación de la estrategia.

Debo insistir en que este es un debate superado prácticamente por todos los países del resto de América y de otros continentes, cuyas sociedades resolvieron muchas décadas atrás que los maestros de primaria debían formarse en las aulas universitarias. Esta no fue una medida antojadiza. Dichas naciones decidieron elevar la formación de sus docentes, pues están convencidos que para lograr una mejor calidad de los servicios educativos se requiere de profesionales mejor preparados. En nuestro país tomó años de diálogo hasta lograr una decisión afín, que constituye hoy uno de los pocos ejemplos en donde se ha dado un trabajo consensuado y articulado para el mejoramiento de la calidad de la educación entre el MINEDUC, el gremio magisterial, la USAC, las universidades privadas y otros sectores del país. El proceso para llegar al acuerdo de que los docentes de primaria debían formarse en la universidad y echarlo a andar ha tomado cerca de 20 años, desde la entrega del diseño de la Reforma Educativa en 1998, que así lo contempla. Es muy importante resaltar que esta estrategia de formación inicial docente construye sobre las innegables contribuciones que han tenido las escuelas normales en Guatemala, las cuales, en su momento, jugaron un papel preponderante y tuvieron un impacto decidido en el desarrollo de la educación nacional, habiéndose formado en sus salones educadores que tuvieron gran trascendencia. Sin embargo, las necesidades y retos han evolucionado y, al igual que en otras áreas, se requiere ahora de profesionales que cuenten con una formación integral más amplia, que solamente puede lograrse realizando estudios más profundos, a nivel superior.

Esta reforma es crítica para el buen funcionamiento del sistema educativo y para el futuro de nuestro país. Lamentablemente, algunos líderes políticos del país no han comprendido esta urgencia y buscan devolver las manecillas del reloj a épocas de antaño. No deben seguir viendo la educación nacional desde el espejo retrovisor, pues la inercia obstruye su perspectiva y los termina enajenando de los vientos de cambio que soplan en el mundo. Por ello, terminan accionando en contra de estrategias que buscan sacar a Guatemala del rezago en que se encuentra. Tal es el caso de una noticia reciente, que atañe a algunos diputados de la Bancada de la Unión Nacional de la Esperanza, que anunciaron públicamente hace una semana con bombos y platillos que interpusieron un amparo ante la Corte Suprema de Justicia para que regrese la carrera magisterial a la modalidad anterior en las escuelas normales. A mi juicio, esto atenta en contra del derecho de la niñez a una educación de calidad. El bienestar de nuestros niños y niñas debe anteponerse a cualquier otro interés. Lo más paradójico del amparo presentado es que fue precisamente durante la Administración del Presidente Álvaro Colom, respaldado por el mismo partido político que hoy pretende revertir el proceso, que fue establecida la mesa de formación inicial docente, que dio vida a esta reforma. Esto es un ejemplo más de la fragilidad de los partidos políticos y del resto de nuestras instituciones. Las políticas de Estado no logran materializarse, porque ni sus propios promotores mantienen una posición consistente a lo largo del tiempo.

Confío en que, como lo hizo la Corte Suprema de Justicia en ocasiones anteriores, avalará lo actuado por el MINEDUC para impulsar la estrategia de formación inicial docente, desarrollada con un gran respaldo social. Llegó también el turno al Ministro de Educación y a su equipo de defender con valentía y energía esta reforma. Un retroceso sería un mensaje nefasto para los diversos actores de nuestra sociedad, que pese a estar acostumbrados a diálogos prolongados y estériles, confiaron en el llamado del Gobierno de la UNE y se sumaron de lleno a un proceso para ayudar a construir una estrategia que redundaría en una mejor calidad de vida para todos. La agenda de calidad de la educación no podrá avanzar si no respaldamos todos que los maestros de primaria tengan una adecuada formación.