Centro de publicaciones

pic
pic
pic

Publicación semanal El Periódico

Publicaciones anteriores

 

¿Qué país queremos?


Por Roberto Moreno Godoy

Debemos respaldar y sostener la Reforma de la Formación Inicial Docente.

¿Qué sociedad esperamos forjar? ¿Qué competencias habrán de tener los guatemaltecos del futuro? ¿Cómo habrán de encarar los retos de un mundo globalizado y cambiante? ¿Qué democracia ayudarán a establecer? ¿Qué principios y valores esperamos cimentar en ellos? ¿Cómo habrán de relacionarse con los demás? ¿Cómo se convertirán en ciudadanos más comprometidos, tolerantes, solidarios e ingeniosos? ¿Cómo valorarán nuestra enorme riqueza y diversidad natural y cultural para construir una nación más fuerte, más justa y más equitativa? ¿Cómo se prepararán para generar oportunidades para ellos mismos y para los demás? ¿Finalmente, quienes habrán de formarlos? Le invito a que tome un instante para responder estas preguntas. El ejercicio le permitirá dimensionar la enorme responsabilidad que hemos dado a nuestras escuelas y a nuestros maestros. La tarea no es cosa sencilla. Por ello, es imperativo que demos a los educadores el apoyo, las condiciones y las herramientas debidas para poder realizar su labor.

La vasta mayoría de las naciones del mundo han apostado a la educación para construir un mejor futuro para sus habitantes. No sólo han invertido en ampliar la cobertura, sino que han hecho un esfuerzo constante para fortalecer la calidad de la educación y asegurar la pertinencia de los programas. Parte medular de ello ha sido el garantizar que los maestros cuenten con una preparación sólida. Eso ha implicado atraer a los mejores candidatos a la profesión docente, así como brindarles la formación, el soporte y el acompañamiento requeridos para que puedan realizar su labor efectivamente. A finales del siglo pasado, la generalidad de países concluyó procesos importantes de reforma educativa, uno de cuyos pilares fue afianzar la preparación de los docentes, requiriendo que fueran a la universidad, al igual que como ocurre en otras profesiones de trascendencia.

Aunque en Guatemala nos costó dar este paso, la agenda de calidad de la educación exigía reforzar la formación inicial de los maestros. El primer paso fue comenzar la profesionalización de los docentes en servicio. En septiembre de 2012 finalmente el MINEDUC resolvió que los futuros profesores de primaria serían preparados en la universidad. Esto derivó del trabajo de una mesa intersectorial establecida en el 2009 para analizar el tema, habiéndose logrado un acuerdo entre las autoridades ministeriales, el magisterio nacional, las escuelas normales, las universidades y otros sectores de que la mejor ruta a seguir era trasladar la formación de los futuros docentes de primaria a la universidad. Esto no sólo es congruente con lo estipulado por la Comisión Paritaria de Reforma Educativa y con las políticas formuladas por el Consejo Nacional de Educación, sino que responde a las mejores prácticas a nivel internacional sobre la materia. La medida no abarcó a los maestros de preprimaria, que, debido a la creciente demanda en este nivel, siguen formándose en escuelas normales. Obviamente, el proceso no ha sido sencillo de implementar, pese a tener un fuerte respaldo. Cambios profundos como este exigen la sensibilización de todos los involucrados, un efectivo proceso de comunicación, la preparación del terreno, enfrentar los embates de detractores y sumar a todos a favor de la reforma. La estrategia salió avante y se han dado pasos importantes para que los programas universitarios de formación docente respondan a las necesidades y retos del sistema educativo.

Sin embargo, una reciente resolución de la Corte de Constitucionalidad sobre el caso particular de una escuela normal bilingüe de Nebaj ha abierto de nuevo el debate sobre el tema. Algunos titulares de El Periódico de esta semana señalaban que esto podría abrir la puerta para revertir esta importante reforma y devolver la carrera de magisterio a las escuelas normales. Considero que esto socavaría toda posibilidad de brindar a los niños y niñas la educación de calidad que merecen. Es incuestionable que los maestros de la actualidad y aquellos que habrán de ejercer la profesión en el futuro requieren una sólida preparación universitaria, que contemple el contexto lingüístico y cultural de las comunidades. Todos los sectores debemos respaldar esta medida. Asimismo, estimo que es imperativo que los magistrados de la Honorable Corte de Constitucionalidad retomen este asunto y obtengan elementos complementarios para su análisis, que contribuyan a que estas importantes reformas estén debidamente respaldadas y a fortalecer la rectoría del sistema educativo nacional, que recae en el Ministerio de Educación. Los indicadores educativos de Guatemala se encuentran a la zaga de los del resto de países del continente. Revertir la reforma de la formación inicial docente no es la ruta a seguir, pues condenaría a nuestro sistema educativo a no salir adelante.