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Publicación semanal El Periódico

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Universidad e innovación 2


Por Roberto Moreno Godoy

Navegando en las corrientes del cambio.

Las investigaciones sobre efectividad de la educación han aportado elementos de gran relevancia en las últimas décadas. Se ha documentado que el aprendizaje activo, centrado en el alumno, genera mejores resultados que el pasivo, que gira alrededor del profesor. Asimismo, los estudios han evidenciado que los procesos colaborativos y un ambiente interactivo con un propósito determinado, con acceso a tecnología, también contribuyen a la efectividad. Estos hallazgos han tenido repercusiones impresionantes en las instituciones educativas. Han introducido en nuestras agendas nuevas aristas sobre nuestro quehacer: sobre las expectativas; sobre los perfiles de salida de los graduados; y, sobre nuestra forma de hacer las cosas. Además, han incidido en el diseño, disposición y equipamiento de los salones de clase. En un buen número de casos, el sólo hecho de que el aula, el taller y el laboratorio cuenten con un arreglo físico distinto y con mobiliario más flexible han contribuido a acelerar los cambios.

Comprendemos la urgente necesidad de crear condiciones que actúen como catalizadores para impulsar las nuevas visiones y perspectivas educacionales. Se habla de una infraestructura novedosa y de facilidades distintas, que permitan que los ambientes se conviertan en auténticos espacios de aprendizaje activo, con tecnología de punta y mobiliario flexible, que propicien la participación y la colaboración. Pero el análisis también invita a recuperar algunas buenas prácticas de antaño que se han perdido, como las aulas socráticas, que favorecen el diálogo y la argumentación. Además, ha surgido la necesidad de equipar salones de clase que sustenten una formación práctica, así como espacios para pensamiento de diseño, que estimulen la creatividad y el pensamiento divergente. En respuesta a ello, los planes incluyen, entre otras estrategias, salones TEAL ("Technology Enabled Active Learning"), enriquecidos con tecnología multimedia para abordar temas complejos, y Makerspaces, que respalden el desarrollo de proyectos y brinden un ambiente de innovación para la comunidad. Muchos otros esquemas se han ido añadiendo en un ejercicio para reconfigurar la infraestructura disponible para el aprendizaje: espacios colaborativos de diversa índole, networking classrooms, aulas de innovación social, flexspaces, áreas de creatividad y diseño, Coder Dojos, Hacker Spaces y oficinas de transferencia de tecnología. Así, se busca establecer ambientes vibrantes para estudiantes, investigadores, profesores, emprendedores, sectores sociales y la industria, en donde todos puedan conectarse y colaborar. Se trata de lanzar un ecosistema de innovación, en donde proliferen iniciativas sociales y de negocios, proyectos de investigación y metodologías educativas novedosas.

Nuestras concepciones sobre la educación y sobre el rol del maestro y el alumno han cambiado drásticamente. La revolución de las tecnologías para la información y la comunicación han jugado un papel preponderante para posibilitar escenarios que antes no eran imaginables. Las demandas sociales y del mercado han motivado reformas curriculares profundas, que están dando protagonismo al desarrollo de destrezas y competencias, por encima de los conocimientos. Otro factor que ha originado las nuevas dinámicas es que cada vez sabemos más sobre los procesos de aprendizaje. Los campos de la neurociencia y del estudio de la cognición han tenido un desarrollo sorprendente, permitiendo que se comprenda mejor acerca del cerebro. Ahora es evidente que el proceso implica cambios tanto en la estructura como el funcionamiento de las neuronas. Se ha reiterado que cada persona tiene sus propias características y necesidades. El descubrimiento apenas comienza y todavía existe mucho por saber. Al final de cuentas, el sitio donde el aprendizaje comienza es precisamente el cerebro. Todavía faltan muchas piezas en el rompecabezas para idear el contexto ideal para ayudar a los estudiantes a alcanzar su máximo potencial, para que se conviertan en los ciudadanos plenos e integrales que demandan nuestras sociedades. Este propósito es, en última instancia, la piedra angular de los sistemas educativos. Los maestros tenemos la opción de aprovechar la evidencia empírica, de fundamentar nuestras acciones en los nuevos conocimientos y de abrazar las nuevas tecnologías, para el beneficio de nuestros estudiantes. Aunque el cambio siempre genera incertidumbre y la sensación de que uno está perdiendo el control, debemos aprovechar las nuevas oportunidades que se abren en la educación, lanzarnos al agua y aprender a navegar en estas nuevas corrientes.