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Publicación semanal El Periódico

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“ Metabolómica ”

Ciencia personalizada, ajustada a nuestra huella bioquímica.

¿Qué puede decirnos nuestra sangre, saliva o tejidos sobre nuestra nutrición, estado de salud y propensión a ciertas situaciones? ¿Podemos usar esta información en el diseño de suplementos alimenticios, fármacos y otras substancias, mejor ajustadas a las características específicas de cada individuo, que prevengan enfermedades, le den complementos de valor o incidan en su bienestar general? Nuestros ancestros sabían que los fluidos del cuerpo decían mucho sobre nuestro estado de salud. Su olor, consistencia, coloración y otras propiedades alertaban sobre la presencia de algunos factores o situaciones fuera de lo común. Así, las culturas antiguas analizaron los contenidos de ciertas substancias en la orina, la sangre o la saliva para diagnosticar padecimientos o problemas de salud. Desde la década de los cuarentas se desarrolló la noción de que nuestro perfil metabólico se reflejaba en los fluidos corporales. Sin embargo, esta noción cualitativa tomó más forma en la medida en que se desarrollaron métodos sofisticados para realizar análisis más precisos y de una mayor sensibilidad para evaluar el metabolismo. Técnicas avanzadas de espectrometría, resonancia magnética nuclear y cromatografía han permitido obtener bases de datos de gran valor sobre los metabolitos presentes en las muestras analizadas. Dicha información ha sido analizada con paquetes estadísticos especializados para buscar patrones y conexiones, lo cual ha ayudado a establecer biomarcadores para ciertas enfermedades o condiciones del cuerpo. Este nuevo campo, conocido como metabolómica, involucra el análisis de los complementos de bajo peso molecular de células, tejido o fluidos biológicos, lo cual permite a los investigadores perfilar la bioquímica de un individuo o de un sistema. La posibilidad de establecer el perfil molecular y de poder definir el fenotipo a este nivel es una herramienta muy potente para las industrias farmacéutica, de salud, de alimentos y de agricultura, entre otras. Su aplicación ha abierto la puerta para el diseño de tratamientos e intervenciones personalizados, que respondan mejor a las características propias del individuo, en vez de sustentarse en datos generales de muestras de población.

Hace un par de semanas estuvo en la Universidad del Valle de Guatemala la Dra. Susan Sumner, quien ofreció un taller de metabolómica organizado conjuntamente con el Departamento de Bioquímica de esta casa de estudios. La Dra. Sunmner es una especialista en medicina personalizada, nanotoxicología, nanofarmacologia, metabolómica y toxicología predictiva. Entre otras tareas, ella dirige el “NIH Common Fund (C-F) Eastern Regional Comprehensive Metabolomics Research Center (RCMRC)”. Este grupo, que estuvo alojado en el Research Triangle Institute International, es parte de una iniciativa de los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos de América. Constituye uno de los esfuerzos más relevantes en la actualidad para promover el desarrollo del campo de la metabolómica, tanto en términos de la revisión de protocolos y métodos de investigación, como en la creación de estándares para la recolección y reporte de datos. Como la investigadora principal del C-F ERCMRC, la Dra. Sumner ha dirigido a un grupo de cerca de 25 científicos que buscan identificar biomarcadores para la detección temprana y diagnóstico de enfermedades, para el monitoreo de tratamientos y para proveer información de valor sobre mecanismos biológicos.

Ella ha ejercido un liderazgo muy importante para el entrenamiento tanto de investigadores novatos como de profesionales muy experimentados que desean incursionar en este campo. De forma coloquial, la Dra Sumner explica que la ruta es sencilla. Nuestros genes instruyen a las proteínas qué hacer. Estas a su vez le dicen qué hacer a los metabolitos. Su trabajo consiste en revisar los niveles de los mismos y lograr una “huella digital” de la química del cuerpo. Cuando el cuerpo se ve afectado por una enfermedad esta huella cambia. Las substancias que ingerimos y el ambiente también pueden hacerlo. Así, un análisis cuidadoso de estas fluctuaciones puede servir para trazar la ruta bioquímica de las enfermedades y tratar de mejorar los tratamientos. Los ojos le brillan cuando comenta sobre el potencial de esta rama de investigación en la salud, la nutrición, el ambiente y la agricultura. Concluye que aún estamos por ver la trascendencia de sus aplicaciones.

Roberto Moreno Godoy