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Publicación semanal El Periódico

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Mundo en Paz

Valor de la tolerancia y el respeto mutuo.

El 21 de septiembre se celebró el Día Internacional de la Paz , el cual fue instituido por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. La promoción de la cultura de paz es una de las acciones prioritarias de la ONU, pues la organización surgió, precisamente, de la apremiante necesidad de reconstruir la relación y entendimiento entre los pueblos y las personas, luego de una de las peores guerras que ha sufrido la humanidad. El fortalecimiento de los ideales de la paz es algo que debemos impulsar con entusiasmo y vigor en todos los ámbitos de nuestras vidas. ¿Se imagina usted vivir en un mundo en concordia? Sería un gran avance que todos los miembros de nuestras sociedades viviéramos con dignidad, en libertad y en armonía, que todos gozáramos de la plena observancia de nuestros derechos fundamentales. Esta no es una tarea sencilla. Los indicadores denotan las enormes disparidades que persisten entre naciones, sectores y grupos de población. Además, cada día emergen nuevos conflictos en el mundo, producto de diferencias de credo o ideológicas, de intereses económicos, de la resistencia al cambio, de luchas por territorios, de pugnas causadas por egos insaciables, del afán de protagonismo, de acciones de grupos apartados de la ley o de otras motivaciones.

Estas tensiones latentes y activas nos afectan a todos. Guatemala no escapa a ello. Enfrenta grandes retos para apuntalar la conciliación entre todos sus pobladores. Los guatemaltecos nos hemos habituado a vivir en un clima de violencia y de enfrentamiento. No hemos atendido el llamado a modificar nuestras mentalidades y actitudes para alcanzar la paz. Sólo examine las noticias recientes. El punto de la discordia está siempre presente. Hoy podrá tratarse de las intenciones percibidas en torno a la fugaz declaración de un estado de prevención, la semana pasada pudo ser la actuación indebida de congresistas y otros funcionarios públicos, días atrás el proyecto de presupuesto, otras veces nuestra opinión en torno a resoluciones municipales o de la reforma educativa y muchas otras sobre cómo se perciben las agendas pública, de la sociedad civil, de los empresarios o de otros actores. No pretendo decir con esto que en algunas de dichas acciones no pareciera haber gato encerrado, que no existan discrepancias por resolver o que no haya necesidad de analizar varios temas con sumo cuidado. Tampoco persigo obviar el hecho de que se deben atender los planteamientos disonantes antes de llegar a consensos. Me refiero, más bien, a la tendencia que tenemos a poner el reflector sobre los aspectos que nos separan y a desvirtuar con prontitud los elementos en común. Esto hace que muchas decisiones sean asumidas sin contar con la participación y el respaldo de otros, lo cual nos expone muchas veces a dar pasos en falso o a tomar rutas tortuosas. Se nos hace cuesta arriba manejar nuestras diferencias con los demás y ejercitar el juicio crítico. Nos cuesta valorar la procedencia e identidad de otras personas y tender puentes con ellas. Cada día hay una justificación más para encontrar el pelo en la sopa, censurar la actuación de los vecinos, atrincherarnos en nuestro reducido espacio privado, criticar los pasos emprendidos por otros, desconfiar de la buena fe de las personas y reafirmar que nuestro punto de vista es el único valedero, logrando así evitar la complejidad de tener que trabajar con quienes percibimos como nuestros detractores u opositores.

Esto no tiene por qué ser de esta manera. Todos -y en particular los más jóvenes- podemos intentar una nueva forma de ver el mundo y de relacionarnos con los demás. Podemos ejercer nuestra libertad con responsabilidad, siendo más justos y solidarios. Podemos inyectar una dosis extra de optimismo a nuestras vidas y decidir que la búsqueda del bien común sea el centro de nuestras actuaciones. Los padres de familia y las instituciones educativas juegan un papel preponderante para lograr este cambio cultural. Como dijo Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU: “En este Día Internacional de la Paz, comprometámonos a enseñar a nuestros hijos el valor de la tolerancia y el respeto mutuo. Invirtamos en las escuelas y los maestros que construirán un mundo justo e inclusivo que abrace la diversidad. Luchemos por la paz y defendámosla con todas nuestras fuerzas.

Roberto Moreno Godoy