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Publicación semanal El Periódico

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195 Años de Edad

Una ciudad apacible, escenario para pensar sobre nuestra ciudadanía.

Los últimos días volaron. El miércoles, cintura de la semana, se vio inundado de antorchas, actos cívicos, altares y demás celebraciones, como un preámbulo para el asueto del jueves para festejar las fiestas patrias. Las copiosas lluvias ayudaron en algunos momentos a acentuar el caos y la agitación de una semana acortada, en la que se sentía que había mucho que hacer en poco tiempo. Muchos funcionarios públicos, así como otros trabajadores hicieron puente. Varias personas encontraron en septiembre la ocasión ideal para apartarse de la rutina. Algunos habrán tomado ayer o inclusive antes una de las carreteras rumbo al altiplano, al norte o a la costa sur, mientras que otros habrán visto la oportunidad de tomar un día más de descanso, para terminar algunas faenas pendientes o simplemente para gozar de un anhelado momento de respiro. Para quienes vivimos en la región metropolitana, sea cual sea nuestro caso, hoy será un día tranquilo en la ciudad capital. Algunos leerán con calma el periódico, mientras comienzan un viernes sereno, tomando el desayuno en casa, sin apuros. Otros habrán arrancado el día con energía, seguros de que su ausencia a la oficina, a la empresa o a la fábrica les permitirá tachar algunos de los múltiples temas en su lista de pendientes. Sin embargo, otros más, que tenían cosas urgentes en el trabajo, que no podían dejar la milpa descuidada o que optaron por no tomar un día a cuenta de vacaciones, habrán partido ya hacia su habitual jornada laboral. Estos últimos habremos de toparnos con mucho menos tráfico de lo ordinario. La ciudad lucirá distinta. Quizá parecerá hasta desierta.

La semana se fue sin que pudiéramos pensar mayor cosa sobre la relevancia de la conmemoración de independencia. Siendo una semana corta para muchos, había que sacar oportunamente la carga de trabajo. Muchas de nuestras conversaciones en las últimas jornadas tuvieron que ver precisamente con lo que deberíamos dejar resuelto. Otra buena parte de ellas se dieron acerca de si la organización daría puente o no, sobre cómo se aprovecharían el o los días de descanso y si se viajaría a algún sitio. Me pareció que pocas pláticas giraron en torno a la propia celebración de la independencia o lo que esta representa para nosotros los guatemaltecos. En todo caso, ya habiéndose terminado los desfiles, las marchas y las demás celebraciones, hoy es un buen momento para pensar en lo que nos une como guatemaltecos y lo que deseamos para nuestra patria. Buscar espacios en donde podamos construir juntos mejores condiciones de vida para todos, partiendo de una adecuada valoración del altísimo potencial de nuestro patrimonio natural y cultural, así como de la puesta en marcha de estrategias que velen por un desarrollo sostenible y equitativo. No cabe duda que hemos sufrido una dosis sustantiva de problemas, que han evidenciado la vulnerabilidad de nuestras instituciones y el comportamiento inaceptable de muchas de nuestras figuras de autoridad.

Todo ello ha puesto el reflector sobre la seria crisis de valores que enfrentamos, que atenta contra la gobernabilidad de nuestra nación y que incide en que no logremos despegar. Debemos combatir frontalmente la corrupción, la inseguridad y los demás males que sufrimos. Sin embargo, también debemos enfrentar con la misma fuerza la indiferencia hacia los demás, la desconfianza, la falta de tolerancia y de solidaridad, la crítica acérrima e indiscriminada y nuestra incapacidad para trabajar juntos. Estas enfermedades también minan nuestra democracia y progreso. Cada quien debemos reconocer que, aunque no somos capaces cada uno en lo individual de resolver estos problemas, sí tenemos la opción de hacer la diferencia. La ruta para enderezar el país comienza con cada uno de nosotros, pues cada quien tenemos la potestad de convertirnos en un agente de cambio, que incida positivamente en nuestra comunidad. Usted o yo podemos ser ese chapín que decida tender la mano a otros, recobrar la confianza en que los engranajes operarán, sumarse a un equipo, apostar por la buena fe de las personas y comenzar a abrir brecha. Que este viernes apacible sea el escenario perfecto para pensar sobre nuestra ciudadanía y en torno a cómo podemos contribuir cada uno a forjar una mejor sociedad para todos.

Roberto Moreno Godoy