Centro de publicaciones

pic
pic
pic

Publicación semanal El Periódico

Publicaciones anteriores

 

Tejiendo una nueva realidad

Podemos tomar una nueva ruta, para el beneficio de todos.

La olla de presión estallará si no controlamos la temperatura. Nuestra sociedad se ha visto expuesta a enormes tensiones. Hemos sido testigos de la vulnerabilidad de nuestras entidades y de la seria crisis de valores que enfrentamos. Los Organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial han sido alcanzados por los tentáculos de la corrupción, la impunidad, las redes criminales, el tráfico de influencias y otros males. Líderes políticos, funcionarios públicos, empresarios y actores de la sociedad civil han estado en la picota. La codicia desmedida, controles poco efectivos y la falta de escrúpulos han sido el caldo de cultivo perfecto para aquellos que se han aprovechado de su investidura y han llegado a sentirse superiores a la ley. Sin embargo, no debemos engañarnos. No se trata de una enfermedad súbita ni pasajera, sino de la historia de un viejo flagelo, que, a lo largo de los años, de forma astuta y pendenciera, se ha enquistado en nuestras instituciones, cooptado nuestros liderazgos, penetrado profundamente todas las estructuras del Estado y socavado los cimientos de nuestra gobernabilidad. Aunque hoy son unos los que encuentran en el banquillo de los acusados, aún hay muchos otros bajo las piedras, escondidos, esperando que pase el vendaval para volver a las andadas. Estas actuaciones no sólo han puesto en tela de duda la idoneidad y honestidad de los involucrados, sino que han cubierto a nuestra sociedad de un negro manto de desconfianza. Este recelo no sólo ha dificultado nuestra capacidad para generar consensos, sino que nos ha hecho poner candado sobre candado a la gestión gubernamental. Ello ha terminado maniatando a funcionarios y congelando la labor de las dependencias.

Debemos ver con optimismo los pasos que se han dado en el combate de estos males, pero no es suficiente con que se someta a la justicia a quienes han actuado mal. Nos encontramos en un momento crítico. En esta coyuntura debemos decidir qué futuro deseamos para nuestra nación. Debemos replantearnos las reglas sociales y morales que guiarán las acciones de todos los guatemaltecos en lo sucesivo, así como recuperar la credibilidad de nuestras autoridades y de nuestras instituciones. Es imperativo que todos los ciudadanos estemos convencidos sobre cuál es el camino correcto a seguir y estemos dispuestos a tomar esa ruta, convencidos de que es la mejor, indistintamente de las consecuencias que hacerlo implique. Todo ello debe pasar por replantearnos el funcionamiento de las entidades del Estado, definir nuestras prioridades de desarrollo, asegurar la calidad del gasto público, revisar la carga impositiva, renovar nuestro sistema de partidos políticos, ejercer responsablemente la selección de nuestros líderes y redimensionar nuestra identidad como una nación plurilingüe y multicultural, entre muchos otros temas. Cada sector debe hacer una introspección del asunto y sumarse proactivamente a una visión de país.

De manera congruente con esta última reflexión, hace algunos días se llevó a cabo el noveno foro nacional del Centro para la Acción de Responsabilidad Social en Guatemala, CentraRSE, el cual giró en torno al tema “Personas Éticas, Empresas Éticas”. Durante el evento se resaltó la importancia de la ética en todos los ámbitos de la sociedad, particularmente en el quehacer empresarial, para el impulso de estrategias de desarrollo sostenible. La organización consideró más importante que nunca propiciar una discusión abierta e incluyente sobre la ética en todos los aspectos: personales, laborales, institucionales, gubernamentales y por supuesto empresariales. El foro permitió identificar y compartir experiencias exitosas, que demuestran que la ética y la responsabilidad social son la base para el éxito empresarial. Felicito a CentraRSE por esta iniciativa. Semejantes análisis debiesen ser realizados por otros sectores, de forma tal que todos nos situemos en la misma página y sentemos juntos las bases para la Guatemala en la que anhelamos que nuestros descendientes vivan.

Roberto Moreno Godoy