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Publicación semanal El Periódico

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Escuelas fuera de serie

Aires frescos soplan en Ciudad Nueva.

Llegamos a la hora del recreo. Los niños y niñas se encontraban en el patio central de la escuela. Lucían contentos y bien atendidos. Estaban pulcramente vestidos, de uniforme y gabacha. Mientras algunos jugaban, otros comían la merienda que se les había dado. Se percibía un ambiente de respeto y cuidado. La niña que había descollado en la jornada anterior hacía un orgulloso recorrido en el caballo de felpa por la plaza. Los otros niños le veían con atención, preguntándose cuándo les tocaría su turno y qué debían hacer para merecerlo. El entorno escolar denotaba seguridad, orden y limpieza, reflejados en jardines cultivados con esmero, edificios de una construcción modesta, pero debidamente arreglados y pintados, y aulas con mobiliario moderno. El conjunto ilustra esa dignidad que debieran proyectar todas nuestras escuelas. En el edificio de la cafetería el personal se alistaba con unas olorosas lentejas para recibir a los niños de los distintos niveles que asisten al complejo, quienes permanecen en el recinto todo el día. Algunas maestras preparaban actividades de la escuela para padres y para el futuro huerto escolar. Durante el recorrido al complejo, Katerin, Minelli, Cindy, Angel, Andrea, Johana, Ericsson y Roberto, alumnos de quinto y sexto de primaria, interpretaron con pericia la marimba, en honor a los visitantes.

En el aula Montessori del centro escolar encontramos a Josías lavando platos, mientras que Ángel cortaba fruta y otra pequeñita realizaba un sencillo experimento científico. La maestra ha facilitado un ambiente en donde cada quien progresa a su ritmo, según sus intereses y estilo de aprendizaje, fomentándose la creatividad y la autonomía. A simple vista, todo parecía operar como si se tratase de un reloj de alta precisión. Sin embargo, al indagar un poco más sobre la población que atienden, se concluye que no todo es tan fácil como el cuadro aparenta. Uno de los criterios de admisión a la escuela es que los pequeños se encuentren en la calle o en riesgo de estarlo. Provienen de zonas rojas, áreas marginales y vecindades marcadas por la delincuencia y la pobreza. Muchas familias están desintegradas y todas enfrentan grandes dificultades. Aun así, hay una lista de espera para ingresar a la escuela. Con todas sus carencias y tropiezos, los padres de los pequeños han encontrado en este sitio una esperanza de superación para sus hijos. Los maestros, comprometidos y bien dispuestos a trabajar, enfrentan el desgaste normal ocasionado por tener que lidiar cada día con las secuelas del ambiente del que proceden sus alumnos. Financiar las actividades del centro también representa un enorme reto.

El Centro preescolar Los Patitos de la zona 2 de la capital es una de las escuelas preprimarias que forman parte del Programa Municipal de Niñez y Adolescencia en riesgo, auspiciados por la Municipalidad de Guatemala. Es uno de los programas más exitosos de atención a la niñez en riesgo de calle en el país. El centro cuenta con un aula Montessori a la que todos los pequeños asisten un período diario. Recientemente se inició un plan piloto con un grupo de 25 estudiantes, quienes solamente estarán expuestos a dicha metodología, esperando que la experiencia estimule sus habilidades adaptativas y funcionales de desarrollo social. La experiencia se centrará en la formación de valores y el desarrollo de destrezas para su desenvolvimiento futuro, incluidas autonomía, seguimiento de instrucciones para el trabajo colaborativo, respeto, empatía y capacidad de soñar. El complejo educativo evidencia que sí se puede alcanzar calidad educativa aun en contextos deprimidos y vulnerables, mediante el impulso de programas en donde se combinan valores, la protección de los derechos humanos, estrategias educativas innovadoras y la actitud positiva de cada participante. Se debe reconocer la visión y trabajo dedicado de muchos años del Alcalde y de Patricia de Arzú en la materialización de estas iniciativas. El centro educativo Los Patitos transmite un mensaje de esperanza y optimismo. Se trata de un modelo digno de ser replicado.

Roberto Moreno Godoy