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Publicación semanal El Periódico

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Plato Fuerte

Innovación y aprendizaje en la UVG.

La Plaza Paiz Riera estaba llena de gente. Las gentes recorrían la exhibición con gran expectativa. Por quinta ocasión, los miembros de la Universidad del Valle de Guatemala compartían con sus colegas los procesos de cambio e innovación implementados en sus laboratorios y salones de clase. Los físicos conversaban con los historiadores. Los antropólogos intercambiaban ideas con los ingenieros industriales. Los músicos comentaban con los matemáticos algunas de sus iniciativas académicas. Los bioquímicos y los filósofos se encontraban enfrascados en una entretenida conversación sobre si era más fácil sintetizar prozac o a Platón. Los ingenieros químicos exponían a los sociólogos cómo sus estudiantes habían desarrollado prototipos de filtros de agua con material reciclado, para atender las necesidades de comunidades rurales del interior del país. El equipo de la ecomaratón mostraba los últimos ajustes en el diseño de su vehículo. La profesora de computación, con una chispa en los ojos, exponía cómo la introducción de los conceptos de “Flipped classroom, design thinking y sales pitch” habían revolucionado el ambiente de su aula. Con ilusión exponía el éxito alcanzado por sus estudiantes y cómo sentía que ahora era una maestra más efectiva. Las catedráticas de química exponían cómo el uso de energía microondas reducía en tiempo de reacción y aumentaba el rendimiento, demostrándose así las aplicaciones de la química verde. También resaltaban que los proyectos se habían convertido en el auténtico plato fuerte en su curso.

Los ingenieros mecánicos, electrónicos y mecatrónicos exhibían con orgullo sus últimas creaciones, producto de una buena programación y de un diestro uso de la fresadora, la cortadora láser y la impresora 3D. Una de las profesoras resaltaba cómo sus estudiantes habían logrado entender problemas complejos, configurar un plan para resolverlos, ejecutar el plan y, finalmente, mirar hacia atrás para ver si los resultados hacían sentido. Los tecnólogos de alimentos presentaban soluciones para hacer más eficiente la producción de salsa de tomate y de frijoles volteados. Los psicólogos lucían con orgullo los paquetes de clima laboral, evaluación neuropsicológica y de intervención ofrecidos por la clínica del departamento. Los estudiantes de historia exploraron la situación de consumo de substancias y acerca de las posiciones de los jóvenes en torno a la religión. Los profesores de matemática mostraban algunos de los videos producidos por sus estudiantes para resolver ecuaciones logarítmicas. Los miembros del Departamento de Letras expresaban con elocuencia algunas formas en que sus pupilos comunicaban lo aprendido. Varias Facultades demostraban sus logros en la enseñanza de STEM.

Estudiantes de química farmacéutica distribuían con orgullo un trifoliar informativo de “FARCO, S.A.” la empresa ficticia que habían ideado, partiendo de cero, para producir y distribuir un efectivo medicamento para mejorar el control glucémico. Los biólogos leían algunos de los mejores cuentos, producidos por sus alumnos en el módulo de toxinología. El parcial de ciencias de la vida se había tornado en un auténtico caso de CSI, generando dictámenes forenses. En “Mission to Magmammon”, la clave sol participaba en un viaje espacial. La lista continúa: autobiografías, videojuegos, aplicaciones para celulares, ilustración de procesos industriales, actividades pseudosocráticas, ciudadanía global, infografías de biotecnología, ludificación de enseñanza y simuladores. Estos Congresos de Innovaciones Educativas son una plataforma única para el intercambio de ideas entre estudiantes, profesores, investigadores y visitantes. No hay duda. El aprendizaje y la innovación van de la mano.

Roberto Moreno Godoy