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Publicación semanal El Periódico

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Personas Ordinarias

Que vuelven lo que tocan algo extraordinario.

Durante las últimas cinco semanas, mientras facilitaba un curso sobre liderazgo en la UVG, el grupo tuvo la oportunidad de reflexionar sobre las vidas de distintos líderes. Aunque cada uno provenía de un contexto diferente y mostraba un estilo único, todos compartían ciertas características que les distinguen y les hacen trascender. En esta ocasión, compartiré algunas ideas de Teresa López del Valle, una de las estudiantes del curso, con quien preparamos juntos esta columna. Ella hizo hincapié en que muchas veces cuando pensamos en líderes nos imaginamos mujeres y hombres ricos y famosos, de influencia en el ámbito político, económico, artístico o religioso. Recordamos esos personajes que imponen moda con lo que dicen y hacen. Saltan esos nombres que aparecen publicados en diversas fuentes, cuyas imágenes son reconocidas con prontitud. Sin embargo, aunque estas características acompañan a varios líderes, en realidad no existe una sola forma o un solo estilo de liderar. Existen líderes que son admirados por su carisma o porque representan una causa, mientras que otros adquieren notoriedad por la posición que ocupan, porque están presentes en el momento justo, o porque tuvieron la oportunidad de demostrar su talento.

Ellos y ellas tienen historias impactantes y cuentan con muchos logros en su haber. En Guatemala hay muchos que aportan su granito de arena e inciden positivamente en nuestras comunidades. Esos líderes no son necesariamente personas extraordinarias o fuera de lo común. Para ser un buen líder no se necesita tener una gran cantidad de bienes, un nombre ilustre, muchos títulos académicos o ser un prodigio. Una persona ordinaria, un estudiante, una ama de casa, un comerciante, o una maestra con un sueño y la pasión por verlo cumplido pueden ser los agentes de cambio que Guatemala necesita.

A juicio de Tere, los grandes líderes son humildes, accesibles y genuinos. Además, son apasionados por aquello que creen y por lo cual luchan. Inspiran a otros con su entrega y dedicación, trabajando hombro a hombro con quienes les rodean, logrando un delicado balance entre la obtención de resultados y el resguardo de las relaciones interpersonales. Los líderes reconocen sus fortalezas y limitaciones, rodeándose de un equipo diverso que pueda complementarlos. No se quejan ni conforman con el status quo, sino que valientemente se arriesgan a salir de su zona de confort para mejorar la situación. No buscan sólo su bienestar personal, sino que siempre tienen en mente el bien mayor, aunque no los beneficie directamente. Trascienden porque buscan formar y empoderar a los demás; identifican el potencial de las personas y ejercen un efecto constructivo en ellas.

En una de las últimas sesiones tuvimos la oportunidad de recibir en clase a Doña Isabel Gutiérrez de Bosch, Presidente de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez. Su caso habla con elocuencia de esas características que los grandes líderes reúnen. Un ingeniero graduado de la UVG compartió como la beca y el contacto con Doña Isabel transformó su vida. Afirmó que el apoyo recibido tiene un efecto exponencial, pues él siente la responsabilidad de que muchos otros progresen gracias al apoyo que él pueda brindarles. La beca recibida los compromete a ser mejores personas, profesionales y ciudadanos. El testimonio de una joven cirujana, quien en su momento recibió una de las becas, también ilustra con elocuencia cómo un líder logra incidir en los demás. Ella se dirigió a su benefactora y con el corazón en la mano le expresó: “Querida Doña Isabelita, cuando yo salvo una vida en el quirófano, la salva usted también conmigo.”. Este mensaje expresa con claridad cómo un liderazgo de servicio transforma la vida de las personas para bien.

Roberto Moreno Godoy