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Publicación semanal El Periódico

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Gis

Hasta pronto caballero de la libertad.

Su presencia venía siempre acompañada de buenas ideas. “Por el tema que vamos a tratar, te encargo dar una leidita a este enlace”, indicaba. Este era con frecuencia el tono de sus correos electrónicos. Uno anticipaba que muchas veces encontraría una lectura que lo forzaría a apartarse de lo convencional y a examinar opciones fuera de la caja. Sus comunicaciones venían acompañadas casi siempre de algo interesante que había encontrado y que colocaba el reflector sobre temas importantes de actualidad. Sus aportes animaban la discusión. Uno de esos enlaces comenzaba diciendo: Estos estudiantes de Matamoros, en México, no tenían acceso confiable a internet, electricidad constante o muchas esperanzas, hasta que un nuevo y radical método de enseñanza desencadenó su potencial. Otro explicaba como una red de profesionales retirados participaban a través de skype en una red (“the grannie cloud”) para ayudar a estudiantes de regiones pobres del mundo a estudiar. Otro enlace explicaba cómo la cultura de “gaming” está revolucionando la enseñanza de la ciencia. Podría listar muchos ejemplos más: la escuela tecnológica de IBM; modelos de ampliación de cobertura en África en alianza con el sector privado; el futuro del aprendizaje; construyendo mejores maestros. Cada anexo abría la puerta a opciones que permitían enfocar la educación desde múltiples y refrescantes perspectivas.

Recuerdo muchas veces en que, con guante de seda, introdujo prácticas disruptivas y empleó la disonancia en sus interacciones con otros, logrando así que las personas con quienes compartía cuestionaran el estatus quo y se adentraran en espacios fuera de su área de confort, lo que les permitía tener una visión más amplia de los problemas y explorar nuevas rutas para abordar los retos que enfrentaban. Le tengo presente moderando una sesión del foro de rectores en el Salón del Pueblo del Congreso de la República, en donde los rectores habríamos de elegir a nuestros representantes para las comisiones de postulación de Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones. Con elocuencia, nos convenció en separarnos del método tradicional de votación y utilizar un sistema de rondas simultáneas por preferencias. Ello terminó siendo toda una experiencia, aunque confieso que todavía recuerdo la cara de desconcierto con que algunos diputados nos veían, sin comprender el “extraño” sistema que escogimos.

Sin embargo, mucho más allá de esa posibilidad de inspirar el debate y la reflexión, Giancarlo Ibarguen Segovia tenía un don de gentes y humildad que le abría puertas y hacía que las personas a su alrededor se sintieran cómodas con sus planteamientos. Siempre fiel a sus principios y valores, no se amedrentaba al hacer ver sus puntos de vista. Su posición en defensa de la libertad era categórica. No estuvimos de acuerdo en varios temas, ni tendríamos por qué haberlo estado, lo cual añadía valor a la amistad y al intercambio profesional. Por todo ello, agradezco esos espacios que me permitieron conocer a un guatemalteco excepcional. Muchos sentirán la injusticia de su prolongada enfermedad, lamentarán su partida prematura y no encontrarán resignación con facilidad. Sin embargo, todos celebramos su vida y un paso que dejó una huella profunda de bien en nuestra sociedad. Su visión y temple serán una inspiración para muchos.

Su legado vivirá para siempre en la Universidad Francisco Marroquín y en las demás organizaciones que respaldó. La comunidad universitaria de Guatemala despide a uno de sus miembros más prominentes. Nuestros pensamientos y oraciones están con su familia y seres amados, especialmente con su esposa e hijos. Descansa en paz GIS.

Roberto Moreno Godoy