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Publicación semanal El Periódico

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"Anormalidad"

La posibilidad de cambiar nuestro destino

Esta semana las salas de cine y cadenas de televisión de muchos lugares del mundo proyectaron de nuevo las escenas de “Volver al Futuro”, remontándonos tres décadas atrás, cuando la famosa producción de Robert Zeneckis, protagonizada por Michael J. Fox y Christopher Lloyd y dirigida por un equipo encabezado por Steven Spielger, llegó a las carteleras. La trama de la película no era algo exclusivo, pues otras historias también han girado en torno al viaje en el tiempo. La adrenalina que genera revisitar lo andado o anticipar lo que aún está por venir, las manecillas que se estancan, regresan o caminan vertiginosamente, la paradoja de mundos paralelos, la posibilidad de segundas oportunidades y las imágenes de una bola de cristal o de la adivina que lee la palma de la mano reflejan la atención que las personas prestamos al tiempo.

La noción de transportarse y poder cambiar el destino cautivó a un público interesado en una fórmula para correr con una suerte distinta. Una máquina que hacía posible viajar en el tiempo. Un carro que rompía todo tipo de barreras y conducía a los protagonistas a otras épocas. Patinetas voladoras. Llamadas telefónicas en pantallas inteligentes. Zapatos y chaquetas autoajustables. Comida deshidratada. Estas y otras imágenes vanguardistas nos fueron vendidas en las salas de cines en los años 80, sorprendiéndonos con aquellos aditamentos de un mundo moderno por venir. Uno de los puntos clave en la trilogía giró en torno al 21 de octubre del 2015, fecha en la que el marcador del tiempo en el portentoso carro DeLorean mostraba el día en que Marty McFly y el Doctor Emmett Brown habrían de llegar al futuro.

Ese momento que nos vendieron en la película finalmente llegó esta semana, habiendo captado gran atención. Mucho del debate ha girado en torno a la tecnología que proyectaba la película y cuáles aditamentos se quedaron cortos o fueron rebasados. Sin embargo, más allá de los contrastes entre el mundo que se vislumbraba entonces y el actual, no cabe duda que hay cosas que muestran fielmente la realidad. Las escenas retrataron bien las debilidades y fortalezas de los seres humanos, mostrando sus bondades y limitaciones, así como sus inseguridades y mezquindades. Las disyuntivas que enfrentamos en todo momento, la concepción de la amistad, la búsqueda de la felicidad, nuestra preocupación por las relaciones interpersonales, el sentirnos que encajamos en el grupo, el sabernos amados, la capacidad de enfrentar la adversidad y el bullying al que son expuestos algunos, sólo para mencionar algunos ejemplos, eran tan vigentes cuando se estrenó “Volver al Futuro” como lo son ahora. Sin embargo, si en algo se quedó corta la película, al igual que otras tramas anteriores, fue en la venta de la idea de que se puede cambiar la suerte. La fórmula para volver a andar lo ya caminado sigue sin ser descubierta, por lo que la mejor manera de augurar un mejor destino es sopesar todas las opciones y tomar la ruta que luzca mejor, tomando todo en consideración. Parece que no hay más remedio que vivir con nuestras decisiones y con sus repercusiones.

Roberto Moreno Godoy