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Publicación semanal El Periódico

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De la mano

Ellos nos marcan el camino.

Entró corriendo al elevador, arrastrando a su papá de la mano. Se le veía la emoción de pasar con él la tarde del 17 de junio. Le pregunté si estaba celebrando el Día del Padre, a lo que me contestó que sí, mostrando una gran sonrisa de orgullo. Volví a ver a su papá, quien no cabía en sí mismo, reconociendo con emoción que su hijo le estaba exhibiendo como su trofeo del día. Él también mostraba al niño como una de sus más preciadas creaciones. Y es que pocas cosas nos llenan tanto como la felicidad que traen los hijos a nuestras vidas. Pensé que aunque el tiempo vuela, ellos, en el fondo, no dejan de ser nunca para nosotros esos pequeños que llevábamos de la mano. 

Ese breve intercambio de palabras en el ascensor despertó imágenes de años atrás, cuando mis hijos eran pequeñitos. En la repartición de tareas del hogar, me tocó muchas veces encargarme de ellos por las mañanas, hasta dejarlos en el colegio. En casa, trabajando ambos papás, siempre compartimos las responsabilidades de nuestros patojos. Recuerdo esa vez que escuché a su mamá decir somnolienta desde la cama, alrededor de las siete de la mañana: “¿Qué hacen? ¡Hoy si les agarró el tiempo, van a llegar tarde!”. “No hay pena”, le respondí, medio en broma y medio en serio. Y añadí: “ya los desperté, los bañé, los vestí, les di de desayunar, vi que se lavaran los dientes, arreglé sus loncheras, revisé que pusieran todo en la mochila y vamos en camino”. Fueron muchos años de acompañarlos a la escuela. Momentos para comprender mejor sus logros y los retos que enfrentaban. Saber qué cosas les alegraban y cuáles les irritaban. Una época para verlos crecer y desarrollar su potencial. Tiempo para compartir. Un espacio privado de complicidad. No sé a qué hora se esfumó esa rutina matutina y transcurriendo tantos años más, hasta llegar al día de hoy. Cuándo soltaron nuestras manos. Cuándo fue que esos dos pequeños se volvieron adolescentes y luego adultos. Cuándo esos estudiantes se volvieron trabajadores. Cuándo comenzar a recorrer sus caminos propios, independientes de los nuestros. 

Ese pequeño en el elevador y su imagen, sujetando la mano de su papá, me hizo preguntarme quién llevaba de la mano a quién. La presencia de nuestros hijos no solo se vuelve una clara razón de ser de nuestra existencia, sino nos marca una senda a seguir. En buena medida, creemos que nosotros los estamos llevando de la mano, pero son ellos los que nos conducen en una dirección determinada. En buena medida, nos dan la fortaleza para levantarnos cada mañana y dan sentido a las cosas que hacemos. Son quienes nos dan el impulso para superarnos y ser mejores. Nos brindan la seguridad que muchas veces necesitamos para confiar en que somos capaces de encarar nuestras responsabilidades, que podemos superar las expectativas y caminar con pasos firmes. A ellos debemos el tesoro inigualable de ser padres. ¡Felicidades a los papás en su día!

 

Roberto Moreno Godoy