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Publicación semanal El Periódico

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En el mes de los maestros

Las escuelas catalizarán el progreso.

Guatemala es un país único, de inmensas oportunidades. Goza de recursos culturales y naturales envidiables. Cuenta con gente trabajadora y buena. Una alta proporción de su población es joven. En las últimas décadas el acceso a la educación ha mejorado ostensiblemente, lo cual también abre un mundo de posibilidades. Los chapines somos emprendedores e ingeniosos. No nos amedrentan los retos. Somos solidarios. Enfrentamos los tiempos difíciles con tesón. Superamos la adversidad. Todo ello representa una fórmula para lograr la prosperidad. Los resultados deberían ser distintos. 

Sin embargo, pese a estos ingredientes, la receta no ha funcionado. No logramos que derive en bienestar y armonía. Prevalecen indicadores de pobreza e inequidad. Nos vemos afectados por inseguridad, corrupción e impunidad, señales que denotan que no hemos encontrado el rumbo. Uno de nuestros mayores desafíos es superar esas ideas tan arraigadas entre muchos guatemaltecos de que es topado quien se brinca las trancas, que hay que escribir la regla para inventar la trampa y que el servicio público es un trampolín para la fama y la fortuna. La institucionalidad del país y su sistema democrático están en riesgo. Las ideas se radicalizan con facilidad. Mantenemos posiciones rígidas, poco tolerantes, que propician un permanente antagonismo entre hermanos. No nos es sencillo construir acuerdos ni tender puentes entre todos. Nos cuesta aceptar y valorar la diversidad. No practicamos la multiculturalidad. Todo ello es reflejo de un sistema de valores que ha colapsado. 

Es imperativo que generemos una visión renovada de lo que queremos ser. Que pensemos en esa Guatemala en la que su gran potencial derrame bienestar para todos. La Guatemala en la que nos podamos poner en los zapatos de los otros y tejer juntos un mejor destino. Una nación unida en su diversidad, que comparte ideales; donde todos somos iguales, a pesar de nuestras diferencias. Un sitio donde ser distinto suma y no resta. Para ello, es importante que nos demos cuenta que el cambio comienza con cada uno de nosotros. También debemos hacer una pausa y apreciar en su justa dimensión lo que la educación representa. Llegó el momento en que devolvamos a los maestros y a las escuelas el valor que merecen. Que demos a los educadores un espacio protagónico y que prestigiemos de nuevo a la profesión docente. Que les brindemos el respaldo que requieren para realizar la labor tan relevante que les hemos encomendado. Que confiemos que nuestros niños, niñas y jóvenes encontrarán en las aulas el ambiente propicio para desarrollar su pleno potencial y convertirse en los ciudadanos que esperamos. Que los maestros sabrán guiarlos. El mes de junio, que conlleva el reconocimiento a los educadores, nos invita a reflexionar sobre los valores y competencias que los guatemaltecos requieren en este siglo. La escuela es un buen punto de partida.

 

Roberto Moreno Godoy