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Publicación semanal El Periódico

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Cosa de Números

Experta presenta análisis de cifras.

Uno de los principales retos que enfrenta nuestra sociedad es lograr que los estudiantes lleguen a la escuela, permanezcan en las aulas y mejoren su nivel de logro. Sin embargo, algunos datos han generado preocupación. Esto ha activado una señal de alarma, pues pareciera haberse dado una baja en la estadística de cantidad de estudiantes en años recientes. Luego de la proliferación de niños y jóvenes en establecimientos educativos, derivada de la implementación de la política de gratuidad en la última administración, pareciera que muchos alumnos se han ido del sistema educativo. Este fenómeno no es ajeno a otras naciones. La experiencia en países que han implementado transferencias condicionadas y otras políticas sociales afines indican que la estabilización de la población escolar toma un tiempo, pues no solo aparecen niños hasta debajo de las piedras, sino no todos los alumnos que son atraídos a la escuela por el incentivo económico a sus familias permanecen en las mismas. Para controlar este problema, es necesario encontrar mecanismos más precisos para el conteo de estudiantes, como lo ha hecho la actual administración mediante la generación de un código único a cada estudiante.


¿La inquietud es si esta disminución es real? ¿Generó el pago por niño más alumnos de los que realmente existen? ¿Es cuestión del cómputo de las estadísticas? Para analizar el tema es imperativo establecer cuáles son los números oficiales sobre población infantil y cuáles son los que reflejarían mejor la situación real, lo que permitiría aclarar la tendencia de la cobertura escolar. En los últimos meses el Mineduc ha estudiado el tema con el apoyo de especialistas del Banco Interamericano de Desarrollo y otras organizaciones. Recientemente estuvo en el país Irene Kitt, consultora de UNICEF, quien presentó los resultados iniciales de su análisis. Estos apuntan a una serie de factores. Por un lado, de acuerdo a datos del INE, el número de nacimientos ha ido disminuyendo en los últimos años, particularmente en los que corresponden a los niños que están ahora en la edad para incorporarse a primer grado. Esto impacta directamente el cálculo de la tasa de cobertura, basada en las proyecciones de población. Además, resaltó la falta de consistencia entre las fuentes oficiales que estiman la población, haciendo hincapié en la urgencia de un censo actualizado. Su conclusión preliminar es que la alarma de un supuesto proceso de desescolarización es infundada y que la cobertura educativa se ha mantenido estable. La baja obedece más a cuestión de cálculos, pues la caída de cerca de un diez por ciento en cobertura es similar a la sobreestimación de población en edad escolar, derivada del Censo de Población del 2002. Esto alivia parcialmente el problema, pues aún es necesario propiciar el crecimiento de cobertura que permita a todos los niños y jóvenes incorporarse al sistema.

 

Roberto Moreno Godoy