Centro de publicaciones

pic
pic
pic

Publicación semanal El Periódico

Publicaciones anteriores

 

La caída del Muro

Testimonio de  un reencuentro entre hermanos.

Luego de esa fría tarde del 9 de noviembre de 1989 el mundo sería otro. No era para menos. El Muro de Berlín había caído, anunciándose así el fin de la Guerra Fría, que había dividido a Alemania y al mundo por cuatro décadas. Hacía meses que se escuchaba sobre una posible salida política, pero parecía remoto. Recuerdo bien el alboroto, mientras los ciudadanos de otras naciones observábamos maravillados por televisión las imágenes de personas destruyendo la emblemática pared, pedazo por pedazo. Personas de ambos lados que finalmente se encontraban. Pronto aparecieron fotografías que mostraban a miles de habitantes cruzando la derribada frontera, testimonio gráfico del reencuentro entre hermanos. Los envoltorios de McDonalds tirados en las calles de Berlín evidenciaban el primer contacto de muchos alemanes orientales con los ofrecimientos del mundo occidentalizado. 

Tuve la oportunidad de visitar la Alemania reunificada a principios de 1992, gracias a una invitación de la Fundación Konrad Adenauer. Había una franca diferencia entre las dos partes. Los edificios, la infraestructura, los carros y la vestimenta de las personas evidenciaban los años de separación y los regímenes a los que se habían visto sujetos. Tuvimos la ocasión de visitar algunos sitios de la parte occidental, así como varios Estados de la antigua República Democrática Alemana. La tensión aún era latente. Por un lado, muchos censuraban el costo de oportunidad que el desvío de recursos de una parte de Alemania a la otra representaría para el desarrollo del país. Por el otro, todavía se libraba una intensa lucha ideológica. Impresionaba ver autoridades “occidentales” trasladadas al lado oriental para integrar los concejos municipales y otros órganos de Gobierno. Las heridas apenas comenzaban a sanar.

Veinticinco años después prevalecen diferencias entre las regiones separadas por el muro, pero la enorme distancia entre las dos Alemanias ha quedado en el olvido. Debieron enfrentar enormes retos sociales, políticos y económicos. La pujante Alemania de la modernidad se encuentra entre las mayores economías del mundo y la primera de Europa. El país es reconocido por el alto nivel de vida de su población, por su régimen de seguridad social, por su cuidado del medio ambiente, por su liderazgo en ciencia y tecnología, y por su enorme contribución a las naciones en vías de desarrollo, entre otros aspectos. Sin embargo, más allá de estos atributos que la distinguen, el festejo de 25 años de reunificación denota que los pueblos pueden superar cualquier obstáculo. Las barreras las construimos y derribamos los hombres. Nuestra voluntad y perseverancia hacen una inmensa diferencia. El caso alemán debe servirnos de inspiración para tejer juntos la sociedad que los guatemaltecos anhelamos.

 

Roberto Moreno Godoy