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Publicación semanal El Periódico

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Estrellas de Rock

Dos damas al frente del timón. 

 

En Finlandia los jóvenes ambicionan una de dos cosas: ser estrella de rock o maestro. Quizá lo segundo sea lo más difícil de conseguir. Solamente uno de cada 11 aspirantes a estudiar educación logra un lugar en la universidad, cuyos programas de formación docente reciben a los alumnos más talentosos y mejor calificados para ejercer la profesión. Ser maestro es visto como algo de gran prestigio. De 1968 para acá, en que muchos niños y jóvenes no iban a la escuela o desertaban de ella, la educación en dicho país ha dado un giro de 180 grados, asegurando nueve años de educación básica de gran calidad, gratuita y obligatoria. Esto solo ha sido posible gracias a cuatro logros fundamentales: (1) un acuerdo nacional que ha amarrado la voluntad política de todos los partidos a favor de la educación; (2) la elevación de la preparación universitaria de los maestros; (3) la confianza ciudadana en sus escuelas y maestros; y, (4) la garantía de condiciones de equidad e igualdad, que hace que todos los estudiantes, indistintamente de su lugar de residencia, reciban el mismo servicio. En poco menos de cinco décadas, Finlandia logró superar grandes barreras y situar a sus escuelas como un referente mundial. Esta semana, la ministra de Educación de dicho país, Krista Kiuru, visitó a su homóloga Cynthia del Águila para compartir experiencias y manifestar su disposición a colaborar con Guatemala. Fue grato observar a dos jóvenes, aguerridas y talentosas mujeres conversar acerca de sus políticas, avances, retos y preocupaciones. Fue halagüeño escuchar sobre un país que ha logrado avances tan significativos, así como apreciar el enorme respaldo que recibe quien está al frente del timón. 

Nuestro caso es distinto. Hasta ahora no solo ha sido difícil que los partidos políticos dejen a un lado sus divergencias para sumarse a un esfuerzo común, que garantice una mejor educación para todos, sino que se abusa de los instrumentos de la democracia. Tal es el caso de la interpelación a la Ministra de Educación, que le ha exigido asistir a 102 sesiones del Congreso en los últimos 22 meses, la mayoría de ellas, sin haber sido atendida. Contrario al objetivo del precepto constitucional que le dio vida, el proceso ha interferido con las responsabilidades y labores de la Ministra, cuya gestión se ha visto interrumpida por esta frecuente y estéril convocatoria al Organismo Legislativo. La rendición de cuentas es de gran valor, pero no llevada a este extremo. Hay muchas cosas por hacer y la funcionaria merece el respeto y confianza para hacer la labor para la cual fue nombrada. Ojalá que, al igual que en Finlandia, logremos un entendimiento para hacer que la educación sea algo prioritario para los diversos sectores y que las autoridades educativas sean acuerpadas por todos para tener éxito.

 

Roberto Moreno Godoy