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Publicación semanal El Periódico

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Ese querido ficus

Ajusta bodas de plata.

 

Parece mentira. El ficus alcanzó ya 25 años. Cuando lo vieron, sabían que lo querían, pero la Magdalena no estaba para tafetanes. Apenas les daban las fuerzas para instalarse. Acababan de volver al país. Todo era un desafío. Les inquietaba aprender a vivir juntos, conseguir un apartamento que pudieran pagar y obtener un empleo. Tenían frente a sí un futuro por tejer. Cada centavo contaba para pagar las pequeñas deudas que arrastraban que, aunque menudas, les parecían exorbitantes. Pensaban que no debían esquilmar sus pequeños ahorros. Tener esa modesta reserva les daba tranquilidad. Lo visitaron varias veces, hasta que les hizo un ojo pache que no pudieron resistir. No quedó más que ceder a su encanto. Lo llevaron con gran cuidado a casa. Creo que fue la primera adquisición que no respondía a una necesidad insoslayable. Trajo gran alegría a su hogar. Ahí, en su sitial de honor en la sala, la frondosa figura dio un porte distinto a la acogedora morada. Les acompañó en momentos de pena y de felicidad. Así como la planta alternó ciclos, en que botó hojas y luego dio brotes frescos, estuvo ahí durante las transformaciones de esta familia. Dio la bienvenida a los deseados retoños de la pareja, a quienes vio llegar, crecer, ir al colegio y luego a la universidad. También observó cómo maduraban y enfrentaban sus primeras responsabilidades como adultos. Ha sido testigo del inmenso orgullo de sus padres y de la infinita felicidad que ellos han traído a sus vidas. 

Este ficus ha seguido a aquella joven pareja, que llegó indecisa tantas veces al vivero, durante las distintas etapas de su matrimonio. Ha palpado el gran amor que se tienen. Ha visto la forma en que su relación ha evolucionado. Pero también ha observado sus fallas, errores y limitaciones, así como su capacidad de perdonar y superar pruebas difíciles. Ha resistido sequías y vendavales. Ha movido sus hojas con gracia cuando las cosas marchan sobre ruedas. Sus raíces se han sacudido con los baches que han surgido en el camino. De manera silenciosa, ha presenciado lágrimas y ha escuchado estruendosas carcajadas. Les ha visto mutarse y amalgamarse. Cada vez reconoce más atributos del uno en el otro. Ahora le cuesta aislarlos. Les ha visto soñar. Ha apreciado la forma en que juntos han dado forma a sus proyectos, enfrentado retos y concretado las ideas. Ahora, desde su esquina en la pérgola, sin hojas, pero con un tronco robusto e iluminado, anticipa lo que se avecina. Espera con ilusión las nuevas jornadas que este par caminarán juntos. Confía en su capacidad de seguir abriendo brechas. Sabe que el amor que se profesan lo puede todo. Quien quita, uno de estos días descubrirá que la familia ha crecido. Un cuarto de siglo ha transcurrido. Es toda una vida juntos. Algo único porqué dar gracias a Dios

 

Roberto Moreno Godoy