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Publicación semanal El Periódico

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Amílcar Burgos

Despedimos a un guatemalteco notable.

 

Guatemala, apenas comenzaba la transición a la democracia, a mediados de la década de los ochenta. Recuerdo bien cuando lo conocí. Me invitaron a una reunión para hacer una propuesta para la enseñanza de la ciencia, que formaba parte de un incipiente esfuerzo de reforma educativa, impulsado por el recientemente electo gobierno de la Democracia Cristiana. Se trató de uno de mis primeros contactos con el Ministerio de Educación, con Asies y con este personaje. Esta sesión fue el preámbulo a varios años de relación, en donde compartí con Amílcar intensas jornadas, debatiendo diversos temas, mientras él intentaba que prestáramos atención no sólo al árbol, sino al bosque. Desde un principio me impresionó tanto la forma en que extrapolaba sus competencias profesionales al campo social, así como el profundo interés que este ingeniero industrial prestaba a cada proyecto e iniciativa en que se involucraba. Solía sentarse, libreta en mano, para escuchar con detenimiento los planteamientos que hacíamos, tratando de ubicar nuestras ideas dentro de un rompecabezas más amplio que estaba construyendo en su cabeza. Indistintamente del asunto específico que abordábamos, traía a escena ciertos principios que daban consistencia y coherencia a los planteamientos. 

Amílcar Burgos Solís fue uno de los fundadores de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales, periodista, empresario y miembro del Consejo de Estado en 1982, entre múltiples actividades. Durante las últimas décadas dirigió la Fundación Centroamericana para el Desarrollo, Funcede, plataforma desde la cual se convirtió en impulsor del municipalismo. Producto de su esfuerzo, se cuenta con valiosa información de todos los municipios del país. Siempre abogó por la consolidación de la democracia, la descentralización, la participación y el bien común. Fue un firme creyente en que la educación era una ruta imperativa para la consecución del desarrollo, de la paz y de la justicia. Era una persona generosa, comprensiva, jovial y con excelentes relaciones humanas. Fue un hombre que trabajó siempre por su país. Se caracterizó por mantener un perfil bajo, sin afán de reconocimiento personal, lo cual hace sus aportes todavía más meritorios. 

Tenía tiempo de no verlo. Esta semana supimos la noticia de su muerte. Despedimos a un guatemalteco ejemplar, cuyo legado ha sido y seguirá sirviendo de inspiración a muchos.

 

Roberto Moreno Godoy