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Publicación semanal El Periódico

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¿El sueño americano?

La crisis en la frontera tiene cara de niño. 

 

El Chicago Tribune publicó hace algunas semanas un editorial sobre un tema que ha provocado alarma en los últimos días. Como señala la columna, el deseo de padres inmigrantes de dar a sus hijos una vida mejor y brindarles más seguridad de la que gozan en nuestros países les ha llevado a asumir riesgos terribles. Miles de niños y jóvenes guatemaltecos, salvadoreños y hondureños son confiados a “coyotes”, esperando que logren atravesar México e ingresar a los Estados Unidos de América, para reunirse con sus progenitores. Sin embargo, cientos de menores son atrapados cada día por la Patrulla Fronteriza y detenidos temporalmente en sitios gubernamentales, mientras se resuelve qué hacer con ellos. Según la fuente, unos 40 mil niños centroamericanos que viajaban sin acompañantes habían sido aprehendidos por migración en el primer semestre de este año, cifra que duplica los detenidos en el 2013. Como indica el diario, se trata de niños solos, confundidos y temerosos, custodiados por un sistema legal que poco hace para resguardarlos. A pesar de ello, estos menores, los que son atrapados al ingresar a la potencia del Norte, son algunos de los que corrieron con la mejor suerte. No se sabe cuántos de los que lo intentan son emboscados, sufren toda clase de vejámenes en su travesía o cuántos mueren en el intento. 

Finalmente, el periódico propone que se informe por todos los medios posibles sobre los enormes riesgos que enfrentan estos menores, incluida la alta posibilidad de una estancia traumatizante en un centro gubernamental de detención, como preámbulo a la deportación. Asimismo, que se agilicen los procedimientos judiciales para resolver los casos, mientras los menores aún están siendo custodiados, de forma tal que puedan ser repatriados de inmediato. Estas acciones, a su juicio, son las únicas que convencerán a los padres de familia latinos de que no existe caso alguno para poner a sus hijos en las manos de contrabandistas. Mientras tanto, otros abogan por la permanencia de un mayor número de esos menores que viajan solos en los Estados Unidos de América y apelan a que se flexibilicen las leyes migratorias. Sin embargo, más allá de las posiciones sobre el asunto, no debemos apartarnos de nuestra responsabilidad colectiva en este problema. Nuestras naciones no fueron exitosas para garantizar a sus padres opciones de desarrollo, que les motivaran a permanecer en su suelo patrio. Ahora, lo mismo provoca la salida de sus hijos menores, que están dispuestos a jugárselo todo con tal de reunir de nuevo a la familia y de gozar juntos las bondades del anhelado sueño americano. Debemos hacer algo al respecto.

 

Roberto Moreno Godoy