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Publicación semanal El Periódico

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Agitado inicio de año

El ciclo escolar debió comenzar con el pie derecho.

Hemos visto con preocupación cómo el ciclo escolar arrancó en medio de pulsos, manifestaciones, toma de edificios y conflicto. Me parece que si solo se toman en cuenta las condiciones salariales, las demandas del gremio magisterial aparentarían ser justificadas, pues si deseamos buenos maestros, nuestra sociedad debería recompensarlos adecuadamente. Sin embargo, sus condiciones laborales son solamente parte de la ecuación. Un mayor respaldo ciudadano a los docentes, traducido en aumentos salariales y condiciones que se ajusten a la responsabilidad de su trabajo, debe venir acompañado de mejoras sustanciales y cambios profundos en la educación. No podemos invertir más recursos para lograr los mismos resultados. El apoyo no puede darse a los educadores a cambio de nada, pues los fondos disponibles son limitados. En este sentido, los maestros deben asumir un compromiso serio con la calidad de la educación. Demandamos una mayor efectividad del sistema educativo. Para lograrlo, tenemos puestos los ojos en los educadores, como los principales precursores de las transformaciones esperadas. Por ello, nuestra sociedad debe ser más congruente, retribuyendo mejor la labor docente en reciprocidad a lo que esperamos de ellos en las escuelas del país.

El termómetro a principio de año ha puesto de relieve la fragilidad de nuestro sistema, que gira primero en torno a las necesidades de todos los demás actores, dejando de último a los niños y niñas, a quienes abandona y utiliza para conseguir reivindicaciones de todo tipo. Esto no debe tolerarse. Ya estamos en febrero y parte de las escuelas e institutos siguen sin regularizar clases, augurándose desde ya la repetición del fallido cumplimiento del mínimo de 180 días de clase. Esto debe ser censurado por todos los guatemaltecos y no permitirlo. Las medidas de hecho afectan a los alumnos más que a nadie. Las imágenes de los maestros fuera de las aulas, obstruyendo la libre circulación de sus conciudadanos, promoviendo confrontaciones, lanzando a la calle a los alumnos y a sus padres a protestar y presionando a las autoridades de los organismos Legislativo y Ejecutivo, pintan con claridad lo mucho que falta en el país para lograr que los centros educativos sean la fuente primaria para consolidar la democracia y el desarrollo. Los ojos de los niños y jóvenes siguen con atención los movimientos de sus maestros. Por ello, es imperativo que ellos se conviertan en modelo y motivo de inspiración.

Roberto Moreno Godoy