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Publicación semanal El Periódico

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Don Sergio Licardie

Fue un gusto compartir  con usted este espacio.

El primer artículo de esta columna data de febrero de 2004. Por cerca de una década he colaborado en este espacio semanal. Aunque siempre busco dar un giro positivo a los temas que abordo y trato de ser ecuánime, como es de esperarse, los planteamientos no son bien recibidos por todos los lectores. Algunos de quienes comentan en línea son personas anónimas y, amparados en ello, escriben cualquier cosa, lanzando algunas veces toda suerte de improperios. Sin embargo, la mayoría de quienes aportan dan la cara, firmando con su puño y letra. En ocasiones, estos últimos han refrendado mis puntos de vista y muchas otras los han cuestionado con severidad. He aprendido a valorar y respetar sus observaciones y críticas, las cuales me han permitido ver otras aristas y/o afinar mis argumentos. En algunas oportunidades, he compartido esta columna con un grupo de estudiantes de maestría. Cuando he usado esta modalidad, además de trabajar juntos el editorial, hemos revisado los comentarios vertidos en la página en línea de ‘elPeriódico’.

Así apareció Sergio Licardie en escena. Carolina Alpírez me comentó hace algún tiempo que él era uno de los seguidores más constantes de las columnas de opinión en este medio. Mi caso no era la excepción. Él era un asiduo lector de mi columna y sus extensos comentarios rara vez faltaban. Uno de mis estudiantes, William Morales, logró contactarlo a través de su página de Facebook. A partir de ese momento, mantuve con él una comunicación frecuente. Don Sergio se convirtió casi en un miembro más del curso, pues siempre aportaba reflexiones a la columna. Incluso confabulé con él para que se nos uniera vía Skype desde Cuernavaca, durante nuestra última sesión de clases. Fue una grata sorpresa para todos. Así, terminó siendo el miembro más longevo de nuestro grupo. Sergio siguió siendo un constante acompañante de esta columna semanal, habiendo publicado sus últimos comentarios el viernes pasado. Hace unos días me escribió William para contarme que había visto publicada una nota en su muro de Facebook, donde la familia de don Sergio comentaba sobre su sensible fallecimiento. Nunca tuve oportunidad de compartir con él la taza de café que tomaríamos cuando coincidiéramos en Guatemala o en México. Aunque no llegué a conocerle en persona, aprendí a valorar su amistad, su constancia y sus cuestionamientos. Envío a su esposa, doña Elsa, y a sus demás seres queridos un saludo fraternal. Descanse en paz Sergio, le recordaré con aprecio.

Roberto Moreno Godoy