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Publicación semanal El Periódico

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“Maestros y fútbol!”

Apostarle a la educación conlleva invertir en los educadores.

¿Qué opina usted de la profesión docente? ¿Confiaría usted la formación de sus hijos y nietos a cualquier educador del país? ¿Cuál es la primera imagen que llega a su mente cuando piensa en nuestros maestros? ¿Considera que nuestra sociedad les valora como merecen? ¿Compensamos su labor de conformidad con lo que esperamos de ellos? ¿Nos aseguramos que los mejores aspirantes ingresen a la carrera de educación y les brindamos luego los incentivos adecuados para un buen desempeño? ¿Siguen siendo los profesores líderes reconocidos en nuestras comunidades? 

La columna de la semana pasada de Andrés Oppenheimer en elPeriódico hizo referencia a las protestas recientes en Brasil, que reclaman una mayor inversión en educación, en contraposición a los gastos incurridos en los preparativos para el Mundial de Fútbol. Oppenheimer nos hace reflexionar sobre la situación de los maestros hoy día y sobre el dramático contraste entre los salarios de los maestros de los países de la OCDE y de América Latina. Resalta que los países que cuentan con los mejores resultados de sus estudiantes en las pruebas internacionales son aquellos que reconocen mejor la labor de sus maestros. También comenta que la docencia se ha convertido en una carrera muy prestigiosa y selectiva en las naciones con mejores resultados; una carrera que solo admite a los mejor calificados y les compensa según sus logros. Concluye que debemos empezar a glorificar la profesión del maestro, como ocurre en los países con los sistemas educativos más efectivos. 

Nuestros países reclamamos mucho de la educación y esperamos que las escuelas rindan mejor. Sin embargo, para lograrlo debemos hacer lo necesario para que los centros educativos y los maestros gocen de un adecuado reconocimiento social. Si en verdad estamos convencidos que la educación es la mejor inversión que nuestra sociedad puede realizar, debemos apostarles a los maestros como la principal fuerza para generar este retorno. Para lograr los cambios esperados debemos atraer a los más talentosos a la profesión docente, brindarles una adecuada formación, garantizar que cuenten con las condiciones, seguimiento e incentivos adecuados para una buena ejecutoria y brindarles una compensación congruente con la gran responsabilidad social que les hemos encomendado. Nuestras palabras no pueden seguir quedándose en algo que no pasa más allá que del diente al labio.