Centro de publicaciones

pic
pic
pic

Publicación semanal El Periódico

Publicaciones anteriores

 

“Premio Nobel de Educación”

Un buen maestro enseña al corazón y con el corazón.

¿Por qué sería alguien acreedor a un Premio Nobel en Educación? Esta pregunta introductoria fue lanzada durante una jornada de capacitación docente en la Universidad del Valle la semana pasada. La interrogante desencadenó una profunda reflexión sobre la esencia de la docencia. Es difícil consignar aquí todas las ideas vertidas, pero compartiré algunas de ellas. José Carlos Chiquín, profesor de química, resumió que el premio obedece a amar la educación más que cualquier otra cosa. Recordó a sus colegas que en un mundo gobernado por las prisas, muchas veces se pierde la habilidad de detenerse a contemplar lo admirable en las cosas. Por ello, tomó como misión la emocionante tarea de despertar mentes a través de la ciencia. Mientras tanto, Susy Zúñiga, maestra de matemática, opinó que sería merecedor del premio alguien que innovara, que lograse integrar la tecnología a las estrategias de enseñanza. Estas herramientas permiten que los estudiantes compartan información, se auto y coevalúen constantemente y creen nuevos aprendizajes, de manera conjunta, apuntó. Por su parte, Eugenio Aristondo, un ingeniero que se ha volcado a la educación, señaló que el acreedor al Nobel en este campo es aquel que ha sido capaz de transformar muchas vidas con su apasionada forma de desempeñar su labor. Quien así lo vive no cree haber hecho algo del otro mundo, señaló. Instó a sus compañeros maestros a vivir cada día con alegría, compromiso y pasión, para transmitir las ganas de enseñar; no trabajar por trabajar, sino ver a esta bella labor como una oportunidad de marcar positivamente muchas vidas. La historiadora Beatriz Palomo reconoció que se trata del reconocimiento a una labor intangible, que conlleva abrir una ventana para ayudar a otros a ver con ojos propios la grandeza del Universo. 

El grupo concluyó que son merecedores al Premio Nobel aquellos educadores que sienten pasión por enseñar, se mantienen actualizados, propician un ambiente en que se puede expresar las ideas y sentimientos con libertad, manifiestan amor, paciencia y tolerancia, fomentan la participación, facilitan y simplifican la educación, promueven el trabajo en equipo, conocen a sus estudiantes, ayudan a las personas a asumir la responsabilidad de sus aprendizajes y son espejo de los valores que promulgan en el salón de clase. Aunque no siempre es valorada en su plenitud, la labor docente tiene un alcance que pocas profesiones poseen, pues toca profundamente la vida de las personas. ¡Felicidades a los maestros en su día!

Roberto Moreno Godoy