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Publicación semanal El Periódico

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“Cuarenta y cuatro mil estudiantes, un maestro”

Democratizando la educación.

¿Cómo garantizar a todos los pobladores una educación de calidad? Este sigue siendo uno de los principales dilemas para nuestras sociedades, que se debaten entre dar cobertura, brindar insumos suficientes, contar con infraestructura adecuada, proporcionar materiales y textos, utilizar eficientemente recursos limitados y supervisar el desempeño de los centros educativos, entre mil cosas más. Por años, el tamaño de la clase ha sido asociado con calidad. La tesis es que cuando un maestro atiende a menos alumnos logra darles una atención más personalizada, que produce mejores resultados de aprendizaje. Como se imaginará usted, reducir el tamaño de la clase es una intervención muy costosa, pues conlleva contratar más maestros para atender al mismo número de alumnos. Esto es difícil de implementar en países con restricciones presupuestarias. 

Sin embargo, las estrategias varían y las olas nos rebasan. Mientras algunas naciones aun tratamos con apuro de reducir el tamaño de las clases, en otros lugares, que ya han avanzado en lograr este objetivo, ahora ensayan otras opciones, que hacen girar el péndulo en el sentido contrario.

Varias casas de estudio de prestigio promueven ahora cursos masivos en línea, que ofrecen a cualquier persona con acceso a una computadora que desee tomarlos, incluidos sus propios estudiantes –usualmente como un complemento de sus cursos asignados. La educación y sus paradigmas están cambiando drásticamente. 

El último número de la revista Educator, de la Universidad de Stanford, presenta el caso de Dan McFarland, profesor del área de análisis organizacional, quien ofreció un curso en línea que atrajo a más de 40 mil estudiantes de todo el mundo. Él plantea la complejidad de generar un espacio de aprendizaje de esta índole, contrario a la noción convencional de 40 alumnos y un profesor en un salón de clase. También comparte algunas estrategias metodológicas que funcionan para atender a numerosos estudiantes en ubicaciones dispersas. La modalidad exige que el proceso se estructure de otra manera. McFarland concluye que ejercicios como este pueden tener gran impacto, más allá de las fronteras de instituciones y naciones. Entre sus reflexiones finales indica que las alternativas están dando un gran servicio a la humanidad, pues brindan conocimiento a las masas y permiten a las instituciones ofrecer un servicio global. Interesantes esfuerzos. Pronto alcanzarán la enseñanza preuniversitaria. Debemos estar listos para aprovecharlos.

Roberto Moreno Godoy