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Publicación semanal El Periódico

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“Coaching educativo”

Poniendo corazón a nuestra labor.

La transición del colegio a la universidad no es algo sencillo. La cabeza de los jóvenes parece un torbellino.  Mil ideas y preguntas se cruzan por sus mentes. Todo es distinto: nuevas gentes, enfoques, reglas, expectativas y libertades. ¿Cómo haré amigos? ¿Tendré una buena base académica? ¿Cómo manejaré mis finanzas? ¿Podré organizarme? ¿Están bien mis hábitos de estudio?  ¿Lograré conciliar las clases con el resto de actividades? ¿Habré escogido la profesión acertada? ¿Tendré buenas oportunidades de empleo? ¿Qué haré al graduarme?  En fin, se trata de un intricado coctel de cambios e incertidumbre. 

Lo cierto es que su éxito es del interés de todos; de los propios alumnos, de sus papás, de las instituciones educativas y de la sociedad.  Son muy pocos los guatemaltecos que logran llegar a la universidad.  Por ello, debemos aunar esfuerzos para ayudarles a desarrollarse a plenitud, como personas felices, como profesionales solidarios y capaces, que contribuyan al progreso de sus comunidades y del país.   Este cometido, de enorme trascendencia, fue el tema central de la lección inaugural de la Universidad del Valle este martes.  En la conmemoración de 47 años de fundación de la casa de estudios, se contó con la participación del experto español Juan Fernando Bou, quien disertó sobre “Coaching educativo: una transición exitosa a la universidad”.

Bou nos recordó que la primera imagen que da fuerza a la labor docente es la del corazón, pues sus latidos provienen de la fuerza  que solo genera una auténtica vocación.  Hizo hincapié en que el modelo educativo que debemos impulsar es uno cooperativo, no directivo, basado en procesos de aprender a aprender, en el que los estudiantes hacen algo más que acumular información, llevan a cabo cambios en profundidad, transformaciones que afectan tanto a sus costumbres emocionales y a sus hábitos de pensamiento, como a la capacidad de continuar creciendo. Asimismo, recalcó que la gestión del talento requiere no solo que nuestras instituciones cuenten con un claro proyecto educativo, cimentado en una visión compartida, sino que promueva el desarrollo de personas íntegras, competentes y comprometidas. Es difícil trasladar acá todas las reflexiones generadas durante esta actividad. La hora y media de la lección fue como una bocanada de aire fresco, que motivó a los presentes a innovar, a ser emprendedores, a no temer a equivocarse, a buscar siempre la excelencia y  a redoblar esfuerzos a favor del éxito de nuestros jóvenes. 

Roberto Moreno Godoy