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Columna de opinión publicada en ElPeriódico


La docencia es una profesión

Ojalá se logre pronto un acuerdo.

¿Qué buscamos cuando construimos una casa, nos enfermamos o enfrentamos un litigio? Estas situaciones son tan delicadas que no podemos apoyarnos en cualquier persona para que nos auxilie.  Existen momentos de tal trascendencia que contar con el soporte profesional indicado determina la efectividad de los resultados que obtengamos. Al fin de cuentas, no queremos invertir en una casa con cimientos débiles, continuar sintiéndonos mal o enfrascarnos en una situación jurídica comprometedora.  Otro aspecto de gran impacto en nuestras vidas es la docencia.  ¿Con quién podemos compartir  los padres de familia la inmensa responsabilidad de formar a nuestros hijos?  No cabe duda que esta es una de las máximas expresiones de confianza que podamos dar a alguien o a algo: encomendar a nuestros seres más preciados para que una institución y un grupo de personas nos ayuden a que alcancen su máximo potencial. Llevar a esos pequeños de donde están a donde pueden llegar a estar.  Despertar en ellos el interés por aprender, contribuir a que desarrollen las competencias necesarias para desenvolverse más adelante y  velar por que lleguen a ser ciudadanos de bien.  Si el ingeniero, un médico o un abogado necesitan una sólida preparación para ejercer su profesión, de igual forma los maestros requieren de todas las herramientas y conocimientos para cumplir con la gran responsabilidad que la sociedad y los padres de familia les han conferido.    

 

La docencia conlleva una conjugación de conocimiento, destrezas profesionales y cualidades personales. No solo se trata de dominar una o varias disciplinas, sino de configurar el ambiente de forma tal que nuestros alumnos tengan la posibilidad de aprender, organizar y explicar el material en formas apropiadas para sus habilidades y estilos de aprendizaje, propiciar su autonomía, valorar su individualidad y lograr que la experiencia de aula sea positiva.  Por todo ello, debemos brindar a los maestros el reconocimiento que merecen y no escatimar esfuerzos en su preparación. Este año se ha recrudecido el debate sobre la formación inicial docente.  Algunos abogan porque las escuelas normales sigan igual.  Sin embargo, esto no es viable, pues el bien común debe prevalecer.  Nuestra sociedad debe afrontar los cambios requeridos para que los futuros maestros tengan una sólida formación, que les permita desempeñarse profesionalmente en las aulas, para el beneficio de nuestros niños y niñas.  

 

Roberto Moreno Godoy