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Columna de opinión publicada en ElPeriódico


¿Cuándo llegarán los cambios?

¿Pueden seguir esperando los niños?

El Ministerio de Educación (Mineduc) compartió recientemente un informe sobre las evaluaciones de rendimiento de los últimos años. En el mejor de los casos, los alumnos de primaria solo alcanzan un nivel de logro cercano a un 50 por  ciento, tanto en matemática como en lenguaje. Esto significa que más de la mitad de los niños y niñas no alcanzan los aprendizajes esperados. Las pruebas aplicadas a los graduandos en 2011 tampoco muestran un panorama mejor. Los estudiantes de sexto magisterio tuvieron un nivel de logro muy débil: un 19.8 por ciento en lectura y apenas un 3.74 por ciento en matemática. Todo ello representa una seria llamada de atención. En tanto no ofrezcamos a los maestros el soporte y la formación requeridos para un mejor desempeño, la calidad de educación seguirá siendo una quimera. Aunque este asunto es insoslayable, sigue causando polémica y provocando confrontación. Sin embargo, debemos estar conscientes de que la generalidad de países del mundo ya resolvió la cuestión, requiriendo la profesionalización de sus maestros como una estrategia imprescindible para mejorar la calidad de la educación. 

 

El fortalecimiento de la formación inicial y la profesionalización docente afianzan las capacidades de los maestros, acercándolos a las aulas universitarias y elevando su preparación académica. Esta ruta no es algo nuevo, pues ha formado parte del debate sobre reforma educativa desde hace varios años. La propuesta de la Mesa Técnica de Formación Inicial Docente, que ha involucrado a múltiples actores, presenta una respuesta a esta urgente necesidad. La propuesta ha atraído la atención de la población en los últimos días, debido a las protestas encabezadas por algunos profesores y estudiantes de escuelas normales. Sin embargo, también ha sido revelador apreciar el amplio respaldo que la misma ha recibido de varios sectores, incluido el de la Asamblea Nacional del Magisterio. Seguramente la propuesta puede ser enriquecida, pero es imperativo respetar su esencia: el traslado de la formación inicial docente a la universidad. Confiamos en que todos los involucrados y el Organismo Legislativo comprenderán la trascendencia de la medida y apoyarán un cambio en esta dirección. Al fin de cuentas, los beneficiados serán los niños y niñas. No podemos olvidar que la educación es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo nacional, por lo que no debemos escatimar esfuerzos en la preparación de los futuros maestros. 

 

R. Moreno y Jacqueline López Yes (*)
(*) Estudiante maestría UVG