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Columna de opinión publicada en ElPeriódico


Venciendo Mitos

Es necesario cambiar creencias que limitan nuestro potencial.

Hace poco revisamos un artículo de Marisol Muñoz-Kiehne sobre las ciencias, las matemáticas y nuestros niños. En el mismo, la experta presenta algunas estrategias para estimular su aprendizaje y vencer prejuicios. Muchos niños y jóvenes crecen resistiéndose al estudio de las ciencias y la matemática, sintiendo miedo por ellas y creyendo que no las necesitarán, porque no aspiran a llegar a ser biólogos, físicos o ingenieros. Nada más alejado de la realidad. Las ciencias exactas contribuyen a formar en nosotros una mente ágil, ejercitada para analizar, sintetizar, abstraer y resolver problemas. El conocimiento científico despierta en nosotros el hábito de observar, investigar y cuestionar, acciones que hacen de nosotros personas con criterio propio, responsables de nuestros destinos.

Debemos aunar esfuerzos para combatir preconcepciones imperantes sobre el aprendizaje de estas disciplinas. Los padres de familia podemos alentar a nuestros hijos a apreciar su lugar en nuestras vidas, involucrarlos en actividades que requieran una valoración de las ciencias exactas y la práctica de destrezas. Podemos cultivar su curiosidad infantil, demostrar interés por los proyectos escolares y fomentar en ellos el gusto por el autoaprendizaje. Compartir en familia actividades como cocinar un pastel –en donde mezclar y pesar son parte medular del proceso–, calcular el tiempo que tardaremos en llegar a la playa, clasificar objetos, comparar precios y formas o estudiar el comportamiento de las hormigas en un paseo al aire libre estimula en ellos un pensamiento científico, de manera natural y agradable.

Como docentes podemos transmitir a los alumnos entusiasmo por el aprendizaje de la ciencia y la matemática. Muchos profesionales han aceptado el desafío de convertirse en profesores efectivos en este campo. Para lograrlo, sus propios mentores han servido de modelo. Tal es el caso de la coautora de este artículo, quien recuerda a sus maestros de primaria y secundaria, Olga de Bocaletti y Víctor García, como fuente de inspiración.

Que su labor, así como la de muchos otros maestros, siga multiplicándose y podamos así romper los mitos que existen en torno a las ciencias exactas. Ello se traducirá en ciudadanos con las herramientas para tomar decisiones bien fundadas, que nos lleven, como país, a un puerto seguro. Si padres y docentes trabajamos unidos con un objetivo, podremos transformar una creencia limitante en una creencia potenciadora.

 


 
 

 

Por Roberto Moreno Godoy