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Columna de opinión publicada en ElPeriódico


Oportunidad de Pensar

Interacciones maestro-estudiante efectivas, oportunidad de aprender.

Durante la conferencia inaugural del Ciclo Académico 2012 de la UVG, que versó sobre el tema del coaching educativo, el expositor Donald Wise preguntó al Dr. Jack Schuster sobre  las estrategias que usaba para enseñar a sus estudiantes.

Jack respondió: “¿Enseñar?... no sé si enseño mucho, pero de lo que sí estoy seguro es que les doy la oportunidad de pensar”. Esto puede suceder en las interacciones entre un profesor y sus alumnos, pero es más frecuente en un aula dirigida por un catedrático experimentado y comprometido. Esto constituye un componente crucial de una educación efectiva. A juzgar por los comentarios de los estudiantes, sus aprendizajes más significativos resultaron de las interacciones positivas con sus profesores.  Sin embargo, es un tema poco estudiado.  Dado que en Guatemala se carece de datos sobre  el particular, hay que usar como referente estudios realizados en el  extranjero.

En 2011 la revista Science publicó los resultados de una investigación de este tipo, dirigida por Joseph P. Allen y sus colegas, con profesores y alumnos de escuelas secundarias del Estado de Virginia. La intervención contemplaba un taller de entrenamiento inicial y  un año de coaching personalizado para los profesores, seguido por un taller de refuerzo.

Durante el ciclo, los maestros enviaban grabaciones de sus clases, que eran analizadas por consultores expertos. Estos seleccionaban algunos segmentos donde identificaban interacciones positivas u otras donde detectaban áreas de mejora.

Luego las grabaciones eran colocadas en un sitio web privado y protegido, en donde se les pedía a los maestros que observaran sus comportamientos y las reacciones de sus estudiantes. Todo ello era seguido por la retroalimentación de los consultores, en una secuencia que se repetía dos veces por mes durante un año. La asesoría produjo mejoras sustanciales en el año siguiente al entrenamiento de los profesores. El estudiante promedio  mejoró de manera significativa en las pruebas de de-sempeño. Además, los resultados revelaron que no había diferencias en la efectividad de la intervención relacionadas con la materia (por ejemplo matemática/ciencias contra inglés/estudios sociales). Con ello concluyeron que aunque obviamente hay que saber matemática para enseñar matemática, enseñarla con destreza también involucra relacionarse exitosamente con los estudiantes.  Las interacciones maestro-estudiante brindan a todos la oportunidad de pensar y de aprender.  Por ello, se debe invertir en la formación de los docentes y reconocer que el impacto lleva tiempo, pero vale la pena.

 

(*) Estudiante de Maestría en Docencia Superior UVG.

 

Por Roberto Moreno Godoy