Universidad del Valle de Guatemala
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Columna de opinión publicada en ElPeriódico



¡Bienvenidos a casa!

Soplan vientos de cambio.

Este semestre tendré el privilegio de compartir este espacio semanal con uno de mis estudiantes de maestría. La posibilidad de escribir esta columna con uno de ellos constituye una manera inigualable para profundizar juntos en temas de interés y realizar un auténtico esfuerzo colaborativo de aprendizaje. Le agradezco de antemano la oportunidad que nos brinda de compartir con usted este ejercicio y le invito a participar con nosotros en el análisis y debate de los temas que someteremos a su amable consideración. El primero de ellos se relaciona con los procesos de inducción y su relevancia para la consecución de nuestras metas y las de las organizaciones a las cuales pertenecemos.

La semana pasada, la Universidad del Valle de Guatemala abrió sus puertas para recibir a la promoción 2012. Los nuevos delvallerianos, sin importar su procedencia o qué carrera escogieron, persiguen una preparación académica de excelencia, que les permita ser agentes de desarrollo desde sus diferentes disciplinas. Para lograrlo, es imperativo promover una fluida transición de la escuela a la universidad. El contexto exige privilegiar una formación integral, pertinente y de calidad, que ayude a los involucrados a conocerse mejor, clarificar sus metas, potenciar sus cualidades, fortalecer sus áreas débiles y enfrentar oportunamente aquellos obstáculos que dan cabida a fracaso y deserción. En respuesta a este desafío, los estudiantes y sus mentores participarán esta vez en un proceso de coaching educativo. Aunque los jóvenes fueron seleccionados por sus méritos académicos y aptitudes, es indispensable brindarles el soporte, acompañamiento y orientación necesarios para que puedan enfrentar exitosamente esta nueva etapa.

Los estudiantes necesitan una inducción adecuada, similar a la que recibimos cuando comenzamos un nuevo trabajo. Aunque fuimos escogidos porque reunimos determinadas cualidades y condiciones, consignadas en un perfil de ingreso, requerimos de una guía y capacitación especial, que responda a la cultura, estándares y dinámica propios de la organización a la que nos hemos integrado. Dicho proceso nos ayuda a comprender mejor qué se espera de nosotros, evaluar las brechas existentes en nuestra preparación y reafirmar nuestros propósitos. Así, la inducción es una especie de fiesta de bienvenida, donde no solo nos familiarizamos con la infraestructura y socializamos con otros, compartimos principios, desarrollamos competencias y adquirimos conocimientos esenciales, sino se nos modelan comportamientos y actitudes. Este primer encuentro favorece que las personas empaten sus valores individuales con los de la institución, contribuyendo a forjar un sentimiento de pertenencia e identificación con la que será su alma máter. Este acompañamiento facilita su transición a la universidad y les ayuda a iniciar con buen pie la construcción de un futuro promisorio.

 

Por Roberto Moreno Godoy