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Columna de opinión publicada en ElPeriódico


Escuelas abiertas y escuelas cerradas


Los contrastes del sistema educativo.

 

La publicidad oficial ha hecho hincapié en nuevos programas dirigidos a niños y jóvenes en riesgo. Así, hemos visto titulares que describen un loable esfuerzo interinstitucional emprendido por el Gobierno central para apoyar a menores de edad, quienes viven en áreas urbano-marginales y en zonas rojas, en donde corren el riesgo de sucumbir ante la presión de maras, crimen organizado y otros flagelos sociales. El programa presidencial en cuestión ha certificado a varios  centros en todo el país y ha atendido a un número significativo de personas.  De esta cuenta, sumado a la gratuidad de la educación, las “Escuelas Abiertas” ocupan un lugar privilegiado entre los logros proclamados por la actual administración. 

En contraposición, la semana pasada “Empresarios por la Educación” circuló un comunicado en donde comparte su enorme preocupación por el permanente cese de labores en escuelas e institutos. Mientras que otras naciones invierten dinero y  esfuerzo en extender la jornada diaria y en aumentar el número de días efectivos del ciclo escolar, nuestro país sigue luchando infructuosamente en cumplir con un mínimo de 180 días de clase.  Según este comunicado, se prevé que,  debido a los continuos llamados a paro, al uso de la infraestructura para las elecciones generales y a otras actividades,  en el presente ciclo escolar muchos centros educativos no cumplirán ni siquiera con la mitad del mínimo requerido. 

Los alumnos habrán recibido menos de 90 días de clases por la frecuente suspensión de actividades.  Diversos estudios resaltan que uno de los factores que más incide sobre la calidad de la educación es, precisamente,  el tiempo efectivo de clases.  Esto no solo implica que se inviertan más días y horas en la escuela, sino resalta la importancia de que los niños, niñas y jóvenes estén involucrados de lleno en tareas de aprendizaje. Por consiguiente, el esfuerzo que debemos realizar en Guatemala es titánico, pues no solo se debe recuperar el tiempo que las escuelas han permanecido cerradas, sino asegurar que la metodología en el salón de clases favorezca la participación y el aprendizaje.  Este es uno de los tantos contrastes que vivimos en Guatemala. Indistintamente de su relevancia, no es posible dedicar energía y recursos a nuevos programas, mientras que los servicios básicos no funcionen adecuadamente. Si no logramos este balance, seguiremos pregonando los éxitos de las “Escuelas Abiertas”, mientras los centros educativos permanecen cerrados.  La calidad educativa nunca llegará si los alumnos no reciben clases. ¿Cómo y cuándo se repondrá el tiempo perdido para garantizar a los guatemaltecos el derecho a la educación?

 

 

Por Roberto Moreno Godoy