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Columna de opinión publicada en ElPeriódico


Nuevos formadores

Los maestros deben ir a la universidad.


Hoy se celebrará la ceremonia de graduación de 75 educadores en la Universidad del Valle.  Algunos recibirán el título de profesor de educación primaria, sumándose así  a un grupo minoritario con estudios superiores.  Este logro debería abrirles muchas puertas. Sin embargo,  esto no sucede con facilidad en el servicio público. A  pesar del esfuerzo que ellos y ellas realizaron, de su motivación y de contar con mejores credenciales para ejercer la docencia, encontrarán pocos incentivos para optar a una plaza en escuelas oficiales o para mejorar sus condiciones laborales si ya gozan de una.  Luego de un largo debate y de  diversos ensayos de profesionalización docente, el Mineduc sigue sin valorar justamente los méritos de aquellos educadores que han concluido una carrera universitaria, quienes apenas logran oportunidades similares que las que encuentran los egresados de escuelas normales.  Aunque las autoridades educativas han manifestado su disposición a coordinar esfuerzos con las universidades para remediar esta situación, los problemas persisten.  Los graduados de las universidades encuentran muchos obstáculos para hacer valer sus títulos y grados, pues la catalogación no contempla adecuadamente ni promueve esta preparación académica.

El Grupo de Trabajo sobre Formación Docente del PREAL ha estudiado ampliamente la situación de los maestros de la región. Uno de sus hallazgos describe cómo ha cambiado la percepción sobre ellos del siglo pasado a la actualidad.  Al inicio del Siglo XX  los maestros se encontraban entre las personas mejor instruidas y admiradas de sus comunidades. En pocas décadas, esta imagen varió sustancialmente y la  preparación que brindaba la escuela normal dejó de ser considerada suficiente.  En la medida en que más responsabilidades fueron transferidas a las escuelas, en que  los propios alumnos  lograron alcanzar una mayor escolaridad y en que el conocimiento y el acceso al mismo crecieron exponencialmente, las presiones para transformar la formación inicial docente fueron cada vez mayores.  Muchas naciones concluyeron que para asegurar la calidad de los sistemas educativos debían trasladar la preparación de los futuros maestros a las aulas universitarias. Así, en la mayoría de países de América Latina y de otras latitudes, los aspirantes a la profesión asisten a instituciones de educación superior y reciben una certificación que los faculta para el ejercicio profesional.  Son muy pocos los que aún forman a sus maestros en escuelas normales.  Guatemala es uno de ellos.

¿Cuánto tiempo más habrá que esperar? Los maestros son la piedra angular del sistema educativo.  Debemos apoyarles para que reciban la mejor preparación posible y luego brindarles lo necesario para hacer frente a los enormes desafíos que encontrarán en los salones de clase.

Por Roberto Moreno Godoy